LA LIEBRE
Estadio Azteca
Erró en el cálculo Alfredo Le Pera cuando le regaló la letra a Gardel para que patentara la distancia en la que el tiempo no es nada. Mintió el tango, como manda su esencia, al cifrar en 20 años el trecho recorrido, cuando en verdad nos ha costado justo el doble volver al estadio Azteca. Cuarenta veranos más tarde, nos encontramos, qué febril la mirada, con nuestra imagen escondida detrás del azogue del espejo en el que nos reflejamos. Ahí al fondo quedó la generación de guajes que se enamoró del valor del fútbol como redentor de pueblos, que se emocionó con el poema épico que improvisó el narrador Víctor Hugo Morales, borracho de gambetas, para relatar la hazaña del barrilete cósmico devenido en héroe que dio revancha a los pibes de las playas de las Malvinas. Habíamos querido convertirnos en el Buitre, la primera vez que nos sentimos livianos hasta sentir que volábamos en Querétaro, y terminamos convertidos en devotos de Maradona para no olvidar cuando perdemos que, a veces, de la manera más hermosa, también ganan los buenos.
Diez Mundiales más tarde, el balón, que nunca traiciona su naturaleza redonda, gira para rescatarnos del bucle en el que quedamos prendidos a su botella vacía, como nos enseñó después Calamaro que se pasan las resacas, agarrados a un paravalanchas. Ya no está el Diego, ni somos los mismos. Vivimos suficientes Copas del Mundo para entender que se deben disfrutar las victorias y aprender de todas las derrotas que tuvimos que acumular: el partido de vuelta de Italia 90 en el que entendimos por qué siempre gana Alemania antes de que nos lo mostrara el euro; el codazo de Tassotti que nos mostró cuánto duele cuando te parten la jeta, pero volverías a ponerla; la revolución francesa que exhibió la fuerza de la inmigración reivindicada por Zidane que ahora se replica en Lamine Yamal; la importancia de la autoestima cuando te roban, como en Corea 2002; el precio de no traicionar la esencia y creer en uno mismo, como los italianos en 2006; la sensación de romper las barreras, como aquella de cuartos de final que acabó con la estrella de campeones para España en 2010... Cuánto tiempo que no es nada desde cuando era niño y conocí el estadio Azteca...