Diario de León

Creado:

Actualizado:

Lo malo de ver deporte por la tele es que no se conforman con que lo veas. Te lo cuentan como si tú fueras ciego o lego total en la materia. Y además, generalmente, en tono tómbola ruidosa con su ¡qué alegría, qué alboroto! con Maroto el de la moto acelerando el verbo al micrófono. Gran matraca. Y como sus locutores tienen que ir de muy entendidos y analistas, se tiran a menudo por lo profético (y les sale gafe) con vaticinios alegres para contagiar de optimismo y atención al espectador: «Hoy se espera una cómoda victoria y, probablemente, una goleada». En esa lógica se movían. Pero pasan los minutos y no hay modo de violar la clausura de la portería contraria. «Hay mucho partido por delante aún», insisten al comenzar el segundo tiempo que, a poco de concluir, olvidan euforias y rezan por una victoria mínima al menos en el último minuto. Y tampoco. Al final, un equipo de amateurs y novatos en lides mundiales tapan la boca del profético locutor con un guantazo de realismo, demostrando que un cabo verdillo puede colarse en un golfo rojillo y trastocar la geografía del balón y el patadón: «España, 0-Cabo Verde, un orgasmo»... mientras ese locutor, que iniciaba su narración confirmando la condición de principal favorita de la selección española para ganar este Mundial, deja sus alharacas en saldo, aunque insistiendo todavía en que queda todo un torneo por delante (¿por qué no te callas?, le interrumpe en el bar un emérito del silbato). Y es que todo el mundo ha comprobado en no pocas ocasiones y acontecimiento deportivos lo muy gafes que pueden llegar a ser tantos locutores haciendo pronósticos o adelantándose a la jugada para que, acto seguido, se derrumbe el gozo en un pozo de decepción, rabia o la furia desde la que se acaba pidiendo rodar cabezas. Llaman a eso pasión por el deporte. Su fanfarronería ya le valió al Topuria acabar con la nariz, la boca, las cejas y la honra rotas; y con fanfarrones así un Mundial de fútbol sale ya perdido... ¡¿Por qué no se callan?!... Consejo vendo que para mí sí tengo: quito la voz viendo en la tele un partido como si estuviera en el estadio sin ningún enterado a la oreja. Gana la cosa. Y uno mismo.

tracking