Circulen
Cuando ya creíamos que el puente sobre la vía del tren en San Juan de Dios se había levantado para anotarse en la categoría de esas obras de arte moderno que se exhiben y, pasado un tiempo, se desmontan y quedan pa' prao después de despilfarrar la inversión sin provecho alguno, como las expropiaciones de la plataforma logística de Torneros o las vicepresidencias de Vox en la Junta, el Adif se descolgó esta semana con la eliminación de las barreras. Coño, pero si se puede usar. La sorpresa asaltó a los vecinos a los que, desde enero de 2021, cuando se terminó la obra, se les despachaba con coartadas que primero hablaban de la longitud de la calzada, luego del abismo del carril bici, más tarde del diámetro de la rotonda de conexión y, en el último giro dramático, del bloqueo de la CDH a una pasarela peatonal para salvar una antigua presa de riego que, a poco, se publicitó que requería el sistema de esclusas del canal de Panamá. Nada, al fin. Ninguna actuación se ha ejecutado, pese a la necesidad de ajustes en los enlaces. Ni una sola mejora se ha implementado, como se ha visto, pero el paso superior funciona para sonrojo de San Andrés, un ayuntamiento fallido sometido al teatrillo de los partidos en el que opositan aspirantes a políticos profesionales de por vida, y vergüenza del administrador ferroviario, que decidió que aquí el tren no se soterra sino que se agacha. Más de cinco años después, el problema se resolvió con un par de operarios y una patrulla de la Policía Local para quitar las vallas. Circulen.
La burla se enmarca en una infraestructura que desahoga el tráfico hacia Trobajo y el alto de La Virgen, donde se ata el nudo de vías de gran capacidad. A falta de esa ronda Noroeste que sólo aparece en los anuncios electorales cada 4 años, el paso conecta Azorín con los tránsitos de la ronda Interior, la carretera de Caboalles y San Ignacio de Loyola, sin necesidad de que más de 20.000 vehículos diarios se vean invitados a dar un rodeo por la cooperativa de viviendas de Pinilla, quizá para que conozcan que el barrio, como la rotonda y la calle, llevan el nombre de uno de los represores franquistas aún honrados en los callejeros de León y San Andrés. Ahora ya sabemos que los puentes son para cruzarlos.