Diario de León

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Tras el Papa y Walesa, Boniek fue el tercer polaco de nuestras vidas; como que lo viera ahora en tele desde Riazor y Balaídos, en la galería del archivo del 82, como el primer jugador que casi no sabíamos pronunciar y nos pedíamos en el gol portero de los recreos. La medida de lo bueno que era Boniek, de nombre de pila imposible para cualquier peninsular que no sea hincha de Osasuna, es la cantidad de dinero que podría ganar por volver a la Juve. Boniek se despidió mal en México 86, fábrica excepcional de recuerdos a través de la tele, que tan poco se valoran en esta sociedad en la que, por menos de nada, llega uno y te clona el móvil o el disco duro de la memoria y se pone a contar vivencias ajenas. Un día que vinieron los del Club de Mueble de La Virgen del Camino a colocar una pegatina de su oferta por el mundial al dintel de la puerta, con un chile ataviado con sombrero mexicano, el Francia-Brasil nos cambió casi todos los conceptos que veíamos como palabra de Dios. Francia alentaba una Europa que no es la birria de hoy, y no porque tuviera españoles que ahora podrían votar con la ley de nietos si a los del PSOE les apura la cartera; un tal Amorós, un tal Luis Fernández; Francia molaba porque fueron los primeros que nos hicieron ver que era posible hacer correr el balón sin correr ellos. Sí, que Maradona hacía con una naranja lo mismo que Platini con la pelota; pero yo le vi a Platini hacer cosas con un balón que no haría Maradona, salvo meter un gol con la mano y, encima, venerar el robo. Como buenos pobres materialistas, se nos antojó el modelo francés; otro capricho imposible. Si apenas nos daba para las medias rayadas del Barça en Larpi, como para pedir a los Reyes la de los bleus de Adidas, con la tricolor delante de los hombros. Por Battiston, al que Schumacher le abrió la cabeza en España; por Alain Giresse, por Stopyra, por Rocheteau, por el último pase de Jean Tigana, con la bola atada al pie. Casi todo lo de Francia se venía venir desde la cantada de Arconada en el Parque de los Príncipes. Pero aquel día de Jalisco contra Brasil, fue fácil creer en que Vangelis pensó en ellos cuando le puso música a Carros de Fuego.

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