Diario de León

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Ya marcha el carrusel del verano. Ahí va el tiovivo con sus caballitos de cartón en su eterno girar. De feria en feria. Venden boletos en la entrada de los juzgados. La chiquillería cruza cromos de jueces, ya saben distinguir togas de la Audiencia Nacional, el Supremo y los juzgados de guardia. Ábalos con uniforme de rayas, Julito con depresión. Santos Cerdán con gorguera cervantina y el caballo desbocado de Abascal cruzando la Mancha, esa tierra de locos donde un presidente autonómico con pinta de Sancho Panza se fue a un comité federal a dar lanzadas contra el gigante hacedor de retahílas. Gobernar no es resistir pero tampoco desistir. La Kitchen contra la Fontanera, esa Dulcinea capaz de arreglar desagües en la sede de la Benemérita o en los retretes más umbríos de la Fiscalía General. Tomando cafés en las medianías de la sede de la Guardia Civil. Su directora convertida en el Senado en una especie de Repelente Niña Vicente aleccionando a sus señorías como si todavía llevaran el babero del kindergarten. Señorita Pepis. Con tricornio virtual y altanería analógica. Quizá no trate al juez con tanto desahogo y suficiencia, ahora que es la imputada del día. Y el olvidadizo ministro del Interior metido a compositor de trabalenguas. Dice que dijo lo que no dijo pero que sí lo dijo en el sentido en el que se dicen las cosas Club de fans, en eso pretenden convertir los partidos políticos. Cierre de filas. Loor al líder. Se llame Pedro o Santiago o, simplemente, Ayuso. La autocrítica queda declarada como delito de alta traición. Así lo ha decretado María Jesús Montero. Ella, que en estos tiempos de pelota y mundial sería, como tiene bien demostrado, una Manola la del Bombo ideal. Qué buen vasallo si hubiese buen señor, le decían al Cid viéndolo camino del destierro. Afrenta de Corpes. Cuánto ultraje. Cuánta reflexión habría que extraer de todo esto. Pero, claro, qué reflexión cabe en un club de fans. Sólo el aplauso, la oscarización de la política (Puente y López, los Zipi y Zape gubernamentales, tan traviesillos). El palante de Miguel Ángel Rodríguez, la fruta de su jefa y la rapiña nacionalista. Y que nadie tome en vano el nombre de Zapatero, el apóstol, esa joya. Pero que no cunda el desánimo. Ancho es el verano. El tiovivo sigue girando. Los caballitos nunca se cansan.

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