LEÓN EN VERSO
Porque Dios es colombiano
En el 90, no se podía elegir. Los partidos acababan cuando el reloj marcaba la hora, y no cuando quería el árbitro, salvo si pillaba a Italia en el medio. Por eso pudimos celebrar una de las expresiones más célebre de todos los tiempos que surgió del aire mientras Colombia sacó el billete en el último suspiro a los octavos de final. Iba a ser verdad que Dios era colombiano, y por eso no tuvo tiempo de ocuparse de España en el topetazo con la última Yugoslavia que pisó un campo de fútbol antes de hacerse fosfatina. En el 90 no había retransmisiones corales en las que el contenido pasa por experiencias vitales de los comentaristas. Igual, les pilla un gol de Egipto mientras cuentan con qué famoso se harían una foto en el aeropuerto. Casi hay más voces en la retransmisión que futbolistas en el campo. En el Alemania-Colombia de San Siro, o Guiseppe Meazza de entonces, no había otro interés que Valderrama, Leonel e Huiguita, el del despeje del escorpión, no dejaran huérfano al Mundial de fútbol y melenudos, ahí, en plan de vuelta de un concierto de Derbi Motoretas, en una prolongación de la escuela de Gullit, que antes fue la de Rocheteau, la auténtica Francia Insumisa. La novedad se contaba aún por la radio y por las retransmisiones de televisión en abierto; así que nos dieron un plazo prudente para probar la emoción del locutor que informó al mundo de la buena nueva: porque Dios es colombiano fue patente para explicar algunas cosas de la vida cotidiana que, de otra forma, nos hubiéramos tragado sin masticar. Porque Dios es colombiano, por eso pasan estas cosas, sentenció el narrador en una expresión que luego repetimos en plan beatas en la letanía, mientras se abría un capítulo aparte sobre los fenómenos de libre albedrío que suelen resolver un partido de fútbol. La explicación satisfizo dudas que nadie había logrado cubrir antes en occidente, luego revueltas por el desengaño al comprobar que, además de Dios, en Colombia también merodeaba el demonio. Aquella intervención divina fue la primera vez con Valderrama, un año antes de que Michel le palpara las gónadas en un partido de Liga. Lo raro es no invocar a Dios con esos ídolos de la juventud.