Campeones
Para que no le afearan la falta de sensibilidad y pudieran justificar su expulsión del club de los intelectuales, Valdano se disculpó una tarde en que «el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes». La frase, lanzada como una patada al córner, la lucen como amuleto los devotos para defenderse frente a quienes, con afectación, cuestionan el juego por su popularidad, ridiculizan a los aficionados por su pasión y cargan contra el espectáculo por su valor de negocio. No comprenden que, con el cambio climático a la puerta del frigorífico de los probióticos, la amenaza de extinción del desmán ibérico y las barricadas contra el fascismo desguarnecidas, más incluso ahora que hasta el idiota de Trump se ha alineado con el bufón de la Fifa, haya quien ande preocupado por un balón caprichoso que no entra en una portería sino en otra. No. No se trata de eso, sino de cómo llevarlo hasta allí, cómo se replica la importancia de un partido de un Mundial en un campo de León, cualquier tarde. Si quieren que les pregunten a los chavales leoneses con discapacidad intelectual del equipo Olímpico-Cultural que acaban de ganar la Liga Genuine de la LFP.
El fútbol no lo simbolizan los dibujos animados de Lamine Yamal, ni las lágrimas de Messi, ni siquiera la revancha en memoria de Eloy Olalla para toda la generación que aprendió a odiar a Bélgica antes de la UE, ni el desafío de picar el billete para casa a Mbappé el martes, ni el sueño de levantar la copa el próximo domingo en Nueva York. El fútbol lo representan Luta, José Manuel, Raúl, Óscar Júnior, Diego, Héctor, Adrián, Juan Andrés, Mario García, Alberto Valencia, Jesús Fernández, Esteban, Javi Díaz, Luis Alfonso, Álex, Aarón, Moreno, Nacho, Dani, José Luis, Cristian, Gaby, Pedrosa y Sergi en el empeño de hacer avanzar la inclusión detrás de una pelota, en los entrenamientos, en la convivencia del vestuario, con la tutela impagable de Rubén, Álvaro, Noemí y Mamen. Cuentan sus entrenadores, Diego Calzado y David Álvarez, a quien me precio de llamar amigo, que al final del último partido, cuando ya habían logrado el título, mientras todos les aplaudían y lo celebraban, algunos de ellos se giraron para preguntarles si habían ganado. Eso en fútbol es ser campeones.