Por qué hay más guerras
La historia del mundo es una cadena de conflictos y guerras donde la ambición de unos y la debilidad de otros propiciaba lo que se llamaba conquistas y la composición y distribución de los países en la actualidad. Cuando pensamos que el desarrollo de la civilización en todos los sectores de las sociedades, sobre todo en el ámbito económico y laboral, había alcanzado unas cuotas válidas de racionalidad, respeto, derechos humanos, tolerancia, leyes y diálogo para resolver los conflictos, nos estallaron en el último siglo las dos guerras mundiales más devastadoras de la historia.
La cuestión era si se había aprendido la trágica y sangrienta lección con la creación de las Naciones Unidas y manteniendo un complicado equilibrio durante la Guerra Fría, donde las armas nucleares y la doctrina de la destrucción mutua asegurada (si uno lanza sus misiles nucleares, al otro le da tiempo a disparar los suyos y la está asegurada la destrucción de todos), servía de vacuna contra cualquier tentación de guerras de media y gran intensidad.
La caída del bloque soviético abrió una nueva etapa que duró unos pocos años porque, a pesar de todos los avances y desarrollos en todos los aspectos de la vida diaria de millones de personas, no para la mayoría es cierto, nos encontramos con más guerras y conflictos.
Las razones que ofrecen los expertos hablan de cambios geopolíticos, presiones económicas y demográficas y retroceso de las instituciones internacionales a la hora de evitar los enfrentamientos. Asistimos al auge de China y el regreso militar de Rusia disputando el liderazgo mundial de Estados Unidos.
En lugares del mundo como África y Oriente Medio, la elevada proporción de jóvenes presionan contra la falta de empleo, la pobreza y recursos básicos como el agua, la tierra y las oportunidades de trabajo. La debilidad de muchos gobiernos en todo el mundo es evidente sin capacidad para gestionar las crisis.
Y en este puzzle donde las piezas encajan a golpes, la tecnología moderna influye en abaratar los costes bélicos con los drones, la cibernética, la inteligencia artificial y armas de bajo coste. Y la difusión tóxica del menú corre a cargo de las redes sociales que aceleran la polarización, difunden la propaganda y movilizan a las masas, creando un campo de batalla digital más cruento todavía, en lo que se llama la guerra del relato o narrativas.
La historia nos plantea cambios en el orden internacional con estabilidad y posterior agitación y viceversa con nuevos equilibrios por la disuasión, acuerdos o reconfiguración del poder.
Estamos en una etapa de transición con más guerras pero con la esperanza de nuevos equilibrios en el orden internacional que limiten la violencia como ocurrió en tiempos anteriores.