CORNADA DE LOBO
Sólo votará papá
Qué fracaso es un paso atrás si no es para coger el impulso que pide un buen salto hacia adelante... qué fracaso si busca ser sólo el primero de un camino hacia el pasado, a las esencias de lo oscuro, en fin, a la caverna o a la selva que dictó nuestra evolución como especie encabronada. Es el paso que proponen dar los más conservadores de la conservadora América de Trump en la cresta de su ola ensayando sunamis, esos elementos influyentes como Douglas Wilson, pastor que predica hasta en el Pentágono y postula sin titubeos una teocracia basada en el nacionalismo cristiano blanco, proponiendo a su vez acabar con el cáncer del individualismo que trajo la decimonovena enmienda que legalizó en 1920 el voto femenino y, a la postre, el feminismo que acarrea la destrucción de la familia, así que tiene muy claro que sólo debe haber un voto por familia, una papeleta por cada casa... y quien en edad electoral no creó familia, votará su padre, el varón, siempre preferente al voto de la madre. Tal cual. Pero resulta que tiene una extensa parroquia que le aplaude y jalea, incluídas no pocas mujeres, en especial las tradwives, esposas tradicionales que ya tienen su movimiento y sus aleluyas.
El caso es que lo de un voto por familia, un voto por cada casa, fue muy nuestro e identitario en esta tierra de terruño, terrón y terronazo, y nos infla el orgullito por ser democracia (¿?) concejil, la de nuestro viejo concejo (padre recio de la junta vecinal), aquel concilium de cada sitio compuesto por homes libres (¿libres de qué?), pero sólo votando cada vecino, es decir, el cabeza de familia, el varón... y la mujer, como decretó san Pablo, mejor callada, aunque en caso de ser viuda y cabeza de familia se le concedió (tarde, bien tarde) medio voto (algo es algo). De modo que no sería extraño que lo propuesto por ese Wilson encontrara aquí ovación o apoyo por creer reconquistarse así un pasado que hurga nostalgias en la cabeza del necio, como aquel Tamargo «camisita azul» de eternas discusiones en el Gom»s sosteniendo que mi voto de mierda no podía valer como el suyo, que tenía cuatro hijos, o sea, más trozo de nación que defender.