Diario de León

FILOSOFÍA DE BAR

María Martínez Peña

María M. Peña

Poca policía, mucha 'diversión'

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Cuando llegué a León hace un año, dos contrastes marcaron mi recibimiento: la penumbra de sus calles y, de manera mucho más preocupante, la furia nocturna de los motores trucados.

Por un lado, la escasa iluminación nocturna en determinados viales exige al conductor una atención redoblada. Circular con «mil ojos» se convierte en una necesidad imperativa para evitar sustos con peatones que cruzan desde las sombras. Sin embargo, esta falta de luz —que ya de por sí aporta una sensación de inseguridad vial— contrasta dramáticamente con el peligro activo y premeditado que protagonizan ciertos individuos al volante.

Desde mi estancia en la capital leonesa, el fenómeno más desconcertante y fascinante por lo negativo es la pasarela en la que se convierten calles tan céntricas como Padre Isla o Álvaro López Núñez durante la madrugada. No hablamos de despistes, sino de vehículos deliberadamente modificados. Automóviles adaptados para que sus motores rujan de forma ensordecedora y sus tubos de escape multipliquen el ruido permitido, convertidos en los tristes protagonistas de carreras y paseos a velocidades extremas.

Noche tras noche, el rugido de esos motores, que superan con creces los decibelios legales, interrumpe el descanso de miles de vecinos.

Lo más sangrante de esta situación no es solo la incivilidad de quienes convierten las vías urbanas en circuitos improvisados, sino la absoluta inacción institucional. Cuesta comprender cómo en puntos neurálgicos de la ciudad, donde el descanso debería ser un derecho blindado, se tolera esta contaminación acústica y este riesgo flagrante. Las llamadas al civismo han demostrado ser inútiles y el silencio de las autoridades resulta, como poco, cómplice.

León es una ciudad maravillosa, pero su calidad de vida nocturna se está viendo secuestrada por una minoría ruidosa e irresponsable. La seguridad vial y el derecho al descanso no son caprichos, son mínimos democráticos. Es urgente que la Policía Local y el Ayuntamiento dejen de mirar hacia otro lado, refuercen los controles de velocidad y sonometría, y devuelvan la paz a las madrugadas leonesas.

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