Diario de León

CANTO RODADO

Puentes rotos

El puente roto sobre el río isoba es una metáfora de un mundo lleno de puentes rotos e ¿irreparables?

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Este verano volví a Isoba. Cuando la nieve solo es un recuerdo, las vacadas pastan felices por las praderas agostadas y los cuerpos asfixiados se refrescan en la poza de la Luz. Cuando San Isidro parece una estación espacial y solo algunos apartamentos invernales sirven de residencia estival.

Un año más me encontré con el puente sobre el río Isoba roto, más roto todavía, mientras las primeras alzameriendas o espantapastores, el azafrán de los prados, hacen su aparición en plena ola de calor.

No sé a quién corresponde la competencia de arreglarlo. Pero, desde luego, hay una manifiesta incompetencia, llámenle desidia u olvido intencionado, del municipio de Puebla de Lillo o del Parque Regional Montaña de Riaño-Mampodre. Tanto cartel para nada. Hacer la ruta que te ofrecen a la entrada del pueblo es inviable por los caminos que traza el flamante mapa por culpa de este puente roto.

A la vista de las puertas al campo que se han puesto —algunas con pasos habilitados para las personas— y de la abundancia de pastores eléctricos se barrunta una la sospecha de que tal vez no hay olvido sino intención manifiesta de que el puente quede como está o aún peor.

No parece conveniente que los senderistas se topen con las vacas para mayor tranquilidad de los ganaderos. Y aquí viene el dilema. ¿Vacas y turistas son incompatibles? Que los pastos históricos sean aprovechados, aunque no se vea una sola oveja por estos montes, es una buena noticia. Pero tan buena como que los recursos naturales también pueden ser aprovechados como un recurso turístico.

Tendrán que buscar una solución o varias. Para arreglar el puente que afea a este pueblo y dice muy poco bueno de quienes lo gobiernan por los cuatro costados. Y para que turistas y vacas sean compatibles.

Vivimos tiempos de puentes rotos. Deshechos de año en año. Y el puente de Isoba tal vez sea una metáfora de lo que nos está pasando. El retrato de una sociedad que no se arregla no tanto por la desidia, que también, como por el choque de intereses.

Unos puentes especialmente dañados para España. No hay puentes posibles entre el Gobierno y la oposición del PP para afrontar los problemas más graves que acucian al país, aunque los devastadores incendios de Madrid y Ávila hayan hecho que se pusieran de acuerdo activando el nível 3 que da el mando al Estado.

Están rotos los puentes a escala internacional. Y no porque una avalancha de personas teledirigidas por Marruecos haya asaltado la frontera hispano-marroquí, sino porque las fuerzas de la ultraderecha a nivel mundial, con Trump a la cabeza, con una fractura humana y humanitaria. Los puentes rotos dinamitan a la Unión Europea que vive en su pasto del bienestar ajena a los cambios brutales de un mundo joven que quiere entrar en el vallado a disfrutar de sus bondades.

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