CORNADA DE LOBO
¿Algo tuyo arde?
Recordamos en los años 60 y 70 la intensidad publicitaria del Régimen en atajar la plaga de incendios con mucha publicidad, multitud de letreros en carreteras indicando los altos riesgos de incendio, las primeras multas por arrojar colillas desde el coche, las telecampañas estivales de reiterada matraca en teles, radios y papeles. El incendio forestal era ya entonces una plaga devastadora que ahora podríamos ver como aquella fase escolar preparatoria tras la que vino un bachillerato de adolescencia incendiaria y ahora unas cotas universitarias en las que el fuego se doctora en desconocidas carreras veloces y especialidades devastadoras.
Especialmente recordada es la campana que la Dirección General de Montes lanzó en 1963 con el lema «Cuando un monte se quema, algo tuyo se quema» con el conejo guardabosques Fidel que enseñaba a apagar colillas y cerillas para evitar el fuego. Se trataba de mostrar que la destrucción de la naturaleza afectaba a los bienes y las vidas de todos los ciudadanos. Ya. Y ahí incipiaba un buenismo gubernamental que hoy llamarían woke... ¿algo tuyo se quema?... ¿nuestro?...Normal, pues, que un libro satírico del humorista «el Perich» titulado «Autopista» (haciéndole un paralelo burlón de más anchura al «Camino» de Escribá de Balaguer) lo subtitulara «Cuando un monte se quema, algo suyo se quema, señor conde», porque aquí, y desde la Reconquista, lo mayor de los montes tiene dueño particular y así llegó un hoy en el que sólo una cuarta parte de los montes y bosques españoles es de titularidad comunal, pública, estatal... Manda la cosa privada, heredera de tanto latifundio, realengo, señorío, abadengo, priorato... Hay que hablar y fijar urgentemente la necesidad de mantenimiento y cuidado de esas masas forestales privadas, porque si invitan al fuego y pasa de ahí a vecindades públicas, su obligación, dejación y responsabilidad penal es evidente. Sin embargo, hay quien demuestra que el abandono sale más rentable, que un ecologismo idiota y estatal les castiga y penaliza o que nidiós les echa mano o moneda a esa tarea... y que falta una política valiente, señor conde.