Diario de León

A LA ÚLTIMA

Juan Francisco Ferré

José Francisco Ferré

Invasión

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Todo va tan deprisa. Quién se acuerda ya del Mundial. La primera invasión es la de la actualidad informativa. La debacle zapateriana, sin embargo, avanza a cámara lenta. El único empeño del ex ZP consiste en tratar de anular la causa de corrupción a múltiples niveles y no en demostrar su inocencia, parece mentira. Presunción de inocencia, proclaman sus cómplices, presunción de impunidad, replicamos los maliciosos. Mientras tanto, la metástasis del sanchismo progresa hacia su hecatombe. Hasta el déspota marroquí intuye que le queda poco al socio monclovita y le ha mandado sus huestes para recordarle los compromisos adquiridos. La opacidad con que P. S. aborda esta cuestión es significativa. Víctima de una conspiración nacional e internacional, no sabe ya adonde mirar sin que le asalte un nuevo problema. No se es el líder de la Internacional Socialista, y miembro de la Internacional globalista, si no hay un plan, para España y para el mundo.

No soy Juan Goytisolo, pero la de Ceuta es una invasión en toda regla. Un simulacro de invasión quizá, un ensayo para el futuro incluso y un aviso peligroso. Una invasión estratégica, sin duda, con agravante de tragedia humanitaria. Y ya que somos los campeones mundiales de fútbol, por qué no una gigantesca quedada de jóvenes marroquíes para homenajear a Lamine Yamal, modelo multitudinario, en su país de origen. El plan es tan perverso que no cabe descartar ninguna hipótesis. No bromeo, ellos tampoco con el próximo Mundial. Se lo toman tan en serio como la reconquista de Ceuta y Melilla. Todo a la vez. No olvidemos que el padre de Lamine nació en Marruecos y entró en España siendo un niño y así su hijo, milagro migratorio, brilla en el Barça. Conviene recordar también que la zona sureste de la Península, donde ahora campa Vox, fue parte principal de los imperios norteafricanos de almohades y almorávides, ironías de la historia. Así que no despreciemos las tretas marroquíes en torno a Ceuta y Melilla. Los muertos son carne de cañón para el régimen de Rabat, armas humanas de chantaje moral. La geopolítica y la historia juegan en contra de un gobierno que ha olvidado sus alianzas tradicionales y se ha vendido a un fantasma global que, de momento, no augura nada bueno. Tarde o temprano, Marruecos cumplirá su amenaza de ocupación y España tendrá que dar la talla. O no.

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