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Hay que ser poco espabilada para meterse a comprar un ático en una zona noble de Madrid, con el dinero de los contribuyentes, con la excusa de dedicar ese espacio a reuniones de trabajo.

Ja,ja,ja,ja.

Y ese es el charco en el que, hace unos días, se metió Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. Eso sí, ha rectificado deprisa y endosado el error a otros, diciendo que es su consejero de Presidencia el que tiene que dar explicaciones.

Ja,ja,ja.

Vamos, resulta difícil creer que no estaba metida en el ajo, por lo menos dando el visto bueno a la compra del ático. No se puede estar mañana, tarde y noche afeando las actuaciones chuscas del Gobierno, y hacer exactamente lo mismo. Las lecciones de moral política de la señora Ayuso han quedado en vulgar impostura a cuenta del ático.

La Comunidad de Madrid cuenta con un importante patrimonio inmobiliario, con edificios fantásticos, en los que doña Isabel puede reunirse con su equipo y con veinte equipos que tuviera. La señora Ayuso no puede malgastar el dinero de los madrileños en un ático que, ahora dicen sus portavoces, el dinero de su venta será para los damnificados de los incendios.

¡Menuda demagogia barata! Observo desde la lejanía que la señora Díaz Ayuso empieza a meter la pata con demasiada frecuencia.

No sé si a causa de sus propias decisiones o las de sus consejeros. Pero debería de medir sus actuaciones porque es muy fácil perder de un dia para el otro el favor de los ciudadanos.

Quizá su éxito en el enfrentamiento con Pedro Sánchez la ha hecho creerse infalible. No, no lo es, ninguna persona lo es. Las elecciones municipales y autonómicas estan a la vuelta de la esquina y las metedura de pata se notan mas.

Creo que doña Isabel Díaz Ayuso se ha llegado a creer su propio personaje, lo que la puede llevar en quedarse solo en la cáscara. Claro que a lo mejor lo que vemos de ella es lo que hay: cáscara.