CORNADA DE LOBO
Danubio's blues
Échale un vals a ese agua muerta y échale después un galgo a ese caudal que se fue sin querer volver dejando descarnada de fluir la gran anchura del río europeo de más renombre. Sobrecogen las imágenes del Danubio que inspiró en azul a Strauss y ahora pide ese tono de tristeza trágica que define al blues, ese otro azul quejumbroso del afroamericano que nació mezclando el negro espiritual, la canción del trabajo, el grito del campo, el alarido existencial, el cántico y la balada de rima simple y repetitiva. Ya no le valen al Danubio fiestas vienesas con valses de alegría frívola y ciega. El clima está que muerde galas. No es que el río esté pidiendo un réquiem, pero sí le cabe un «de profundis» clamando al cielo al enseñar su hondo lecho de lodo seco hoy trufado de toda la basura plástica y herrumbrosa que ocultaba en sus 2.900 kilómetros (hasta 200 barcos alemanes de la II Guerra afloran ahí su esqueleto náufrago)... ¡qué desolador paisaje!, ¡cuánta barca varada ahí!, ¡cuánto rezo inútil y tardío a la santa Bárbara marinera!, ¡adiós a los cruceros con que sueña el jubileta del Imserso!, ¡adiós al caudaloso y lento andar visitando orilla histórica o bosque donde la secura también punza la mirada! Nunca se vio cosa igual. Adiós, Danubio, adiós. Y que sea sólo un hasta pronto, aunque tampoco conviene despecharte y desmadrarte si septiembre viene exagerando y anegando, que también le cabe a este clima enloquecido.
Por aquí no pinta menos la preocupación ante la dictadura del sol que viene alterando los ríos del vino. Nunca se vio adelantar las vendimias como han tenido que hacerlo este año, ya sea en la hoya berciana o en los majuelos terracampinos. El veedor al que mandan recorrer el viñedo para estimar la sazón de la uva dijo ¡adelante! como cagando tariles para no perder lo que este año trajera de promesa el cultivo de la cepa. Sin embargo, mi memoria en vendimias de estos alrededores arrimaba a un san Froilán octubrero el pelar de racimo el barcillar... ¡¿y ahora hay que empezar dos meses antes nada menos?!... ¡¿cómo que no cambia el clima al vino?!... Hay que preguntarle a Raúl Pérez, es el que más sabe.