Diario de León

LA VELETA

Lorenzo Silva

Lorenzo Silva

El hermano tonto

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La reciente publicación en España de la quinta y última parte de ‘M’, la monumental pentalogía de Antoni Scurati sobre Mussolini y el fascismo, es una buena ocasión para invitar a quien aún no lo haya hecho a sumergirse en su lectura. Además de resultar muy reveladora de los entresijos de aquella historia, adquiere tintes de aviso, en tiempos en los que fuerzas oscuras como las que entonces se impusieron en Italia hacen sentir su influencia en las sociedades europeas. Las circunstancias son diferentes, pero algunos esquemas e inercias se reproducen.

El fascismo italiano, como cuenta minuciosamente Scurati en las más de ochocientas páginas de El hijo del siglo, la primera entrega de la serie, nació, medró y triunfó al calor de la injusticia social secular y del descontento coyuntural que prendió en las masas de combatientes desmovilizados tras la Gran Guerra.

Si ese fue el caldo de cultivo, el motor de su ascenso no fue otro que la violencia: la concepción del rival político como enemigo al que había que doblegar y aniquilar, sin importar cómo. La razón, las leyes, el compromiso, eran herramientas débiles, propias del Estado burgués que había que derruir para ganar el futuro.

Favoreció a los fascistas italianos, que en 1919 —el año de la de fundación de los Fascios de Combate— eran cuatro gatos, la suerte de tener enfrente a unos políticos tradicionales decrépitos y anclados aún en el siglo XIX y a una izquierda obrera dividida y cuyas facciones más radicales, arrebatadas por la revolución soviética, apostaban con igual soltura por el recurso a la fuerza. No fue muy difícil que cada muerte justificara la siguiente, en una espiral que propició que prevaleciera lo que Scurati, con fórmula certera, llama «el hermano tonto de la política». En ese terreno, el de la violencia, los fascistas no encontraron rival.

Mussolini gana porque es el que tiene más determinación y menos escrúpulos: en 1923, escribe sin tapujos que la libertad es una deidad nórdica, adorada por los anglosajones y pasada de moda; para «las juventudes intrépidas, inquietas y duras que se asoman al crepúsculo matutino de la nueva historia» son mucho más atractivas palabras como orden, jerarquía, disciplina. Filósofos como Benedetto Croce, músicos como Toscanini escritores como Pirandello, la crema de la inteligencia italiana, lo respaldan, nos cuenta Scurati, incluso después del abominable asesinato, a manos de sus escuadristas y bajo su instigación, del líder socialista moderado, Giacomo Matteotti. Un político al que el pundonor, la integridad y la entereza con que hace frente a la ola de sinrazón que arrasa su país tan sólo le sirven para acabar apuñalado y enterrado en una zanja. Cosas que pasan, no se olvide, cuando se le deja mandar al hermano tonto.

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