Diario de León

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Fui a ver La Odisea, la versión de Nolan. Y fui solo. Marta vio el tráiler y no le gustaron los vertiginosos movimientos de cámara. Los tiene. He leído en varias traducciones el poema épico, y en todas navegué primero al encuentro en el Hades entre Ulises y Aquiles, pues en el lamento de este hallé su «Rosebud» y mi intuición de que las civilizaciones se extinguen, no así el corazón humano. Homero nos cuenta el largo regreso de Ulises a Ítaca tras la guerra de Troya. Fue destruida para siempre… aunque ya sabemos que la causa no era recuperar a Helena, sino hacerse con un enclave privilegiado en la valiosa ruta las especias. ¿Le suena? La avaricia es ancestral, pero el amor llegó antes. Nolan aporta su recreación personal. Está siendo muy elogiada, pero Juan Manuel de Prada ha escrito: «el zoquete de Nolan», con desprecio extraño en quien ha presentado un programa de cine. El director y coautor del guion ha tomado decisiones, muchas acertadas y algunas opinables, pero el resultado es una obra cinematográfica de arte. Se decanta no tanto por el agravio al dios Poseidón, cuya consecuencia es que Ulises tarde diez años en regresar a su hogar, como de un castigo catártico por la crueldad con que Troya fue arrasada. Ulises solloza al final: «Destruimos sus muros y fue como destruir los del mundo». Nos muestra a un capitán manchado por su pecado de impiedad, en un mundo micénico y precristiano, pero donde el corazón ya hablaba. En el canto VIII leemos que Ulises recuerda la destrucción de Troya y «destilaba bajo sus párpados un llanto digno de lástima».

El primer medallón de la portada principal de nuestro San Marcos está dedicado a Príamo, y pese a que el tiempo ha erosionado su rostro percibimos su sufrimiento. Quizá, ya lo ha perdonado.

Uno mismo no es héroe, pero tengo mis odiseas conyugales. Como Marta no vino, aproveché para cometer epopeya calorífica: comprar palomitas y refresco. En justo castigo mitológico me dejé las gafas de sol olvidadas en el asiento, con ella no hubiese ocurrido. La película dura casi tres horas y no cansa. En cambio, mi odisea de regreso fue corta: andando tardo diez minutos del cine a casa. Y las gafas pude recuperarlas, al día siguiente. Ah, la vida…

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