AL TRASLUZ
Buen chiste malo
Admitámoslo, nada mejor que un buen chiste malo. Porque para contar los buenos, basta con tener gracia el chiste y el chistoso. Y no tiene mérito. El 3 de septiembre, tendrá lugar en León el II Certamen de Internacional de Chistes Malos, en un bar del Húmedo. Participarán gente de corazón alegre, con la que uno se iría de viaje. La selección de participantes ha sido rigurosa. A Ramiro Pinto le preguntaron el singular de queso y contestó «yo qué sé». Aprobado cum laude, claro. En esto del reír, la risa va por barrios.
Ya lo he contado, pero aquí va de nuevo: agosto de 1987, un solícito jubilado leonés, sabedor de que iba a viajar a Madrid en tren, propuso llevarme en su coche, pues él también tenía gestiones que hacer. De León a Valladolid, la conversación fue más amena, aunque casi toda giró sobre su próstata. Pero tras pasar Pucela, propuso: «¡Habrá que contarse unos chistes, Aguirre!». Le propuse: «Vale, empiece usted». Y empezó, ya lo creo. Solo contó uno, pero sin final a la vista. Y sin aire condicionado. Groucho hubiese saltado en marcha. Una tortura. Ya en Madrid, le dije: «Qué pena, me lo terminas a la vuelta». Me miro asombrado. «¿El de chiste?... ¡si lo terminé cuando paramos a tomar café en Medina!». Y enseguida encontró la explicación: «¡Claro, te fuiste a orinar y te lo perdiste». Por si acaso, preferí regresar en tren. Ahora, tengo la edad que él tenía entonces.
Las redes nos someten a un chaparrón de mal humor político, que además pretende ser bueno. Y ha venido a sumarse la siniestra inteligencia artificial. Pero un buen chiste malo nunca es hiriente, contiene inocencia socarrona. Dime qué te hace reír y te diré quién eres. No abogo por un humor sin crítica o escapista, sino humanitario.
«¿En el certamen ese participará su amigo el del coche?, preguntará mi lectora centenaria. No creo, falleció en 2002. Estará contándoselo a Job, y en la versión extendida. Siempre me decía al vernos: «¡Qué bien nos lo pasamos en aquel viaje!». Pelillos a la mar. El rencoroso nunca es gracioso.
Un momento, mientras escribo estas últimas líneas acabo de pillarlo, por fin… «Claro, te fuiste a orinar…» era el final de su chiste. Maravilloso humor del malo.