LEÓN EN VERSO
Infantino, Ceferino ...
Hace un tiempo que los chinos empezaron a copiar a los coches alemanes; los todoterreno, hasta que se hizo complicado saber cuál era de pega y cuál real. La cuestión de los coches se jodió del todo cuando los alemanes comenzaron a plagiar a los chinos. Ya no, pero hubo un tiempo en el que los pobres sabíamos distinguir a lo lejos el modelo de coche que venía en carretera, que la publicidad se encargó de meternos por los ojos a base de poner una rubia en el anuncio, o el reto del crono y la cuenta atrás, en aquel momento de instrucción y contagio en prisas, en el que casi tanto como el pibón importaba cuánto tardaba el pepino en ponerse a cien. El 124 se llamaba así por los segundos empleados en alcanzar la velocidad punta, tal y como quedó demostrado con creces en las rectas de la N-625 cuando a Felipe González se le ocurrió la brillante idea del tributo a Franco en Riaño. Entonces estaba chupado elegir el coche de tu vida; hasta con los ojos en la mano se distinguía el primer Citröen BX Turbo Diésel del último Chrysler 180; el 150 de este fabricante del Passat, el R5 de los curas del 2 CV, también de curas; la Cirila del R-4, predecesor boomer de la kangú y la berlingo. El mundo tenía sentido hasta que los chinos, además de copiar a los alemanes, comenzaron a copiarse a sí mismos y ahora sales igual de una feria del automóvil que del Musac. La cosa pudo girar sin saberlo cuando el AX se agarró a un spot publicitario creado sobre la base de un niño rey tibetano. Igual, lo vieron sus vecinos, y se lanzaron al capitalismo ordenado que sabe disimular el comunismo feroz para hacer coches en serie; da igual la marca, casi todos grises y mates, con formas rechonchas, elevados más allá de un Fiesta con ruedas hinchadas y con tres cilindros, también en serie, en competitividad ordenada, en plan maoísta. Ese es el modelo del mundo que viene. Todo igual. El fútbol ya tomó nota del mercado del automóvil de Pekín. Por ejemplo, entre Infantino, Florentino y Ceferino sólo se puede dintinguir a este último modelo por su destreza para subir al podio y sacar medallas desde atrás como bolas de Navidad los niños de San Ildefonso.