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Entre todas las «versiones» que vienen dando desde el Gobierno sobre lo sucedido en Ceuta el pasado 30 de julio, yo me creo la versión de la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Además, es la única que ha tenido la gallardia de decir estas palabras en la Comisión de Defensa del Congreso: «Si los ceutis se sienten angustiados, abandonados, solos y tristes, es que algo hemos hecho mal». Escuchar a un miembro del Gobierno hacer este reconocimiento, no es que haya sido una sorpresa, que también, es que se pone de manifiesto la diferencia entre la calidad humana y política de unos y de otros ministros.

Es evidente que, ni el Presidente, ni la mayoría de sus ministros, han estado a la altura de las circunstancias dando respuesta a un problema político y humanitario de una magnitud que tendrá consecuencias. Las tiene ya. Y es igualmente evidente que lo que ha explicado la ministra de Defensa es «creíble», es decir, que en el Gobierno tenían noticias de lo que se estaba preparando: la llegada de miles de personas desde Marruecos. E igualmente es «creíble» que los informes de inteligencia no siempre van en un folio escrito y con cuatro sellos.

Pretender, como pretenden algunos miembros del Gobierno, que no tenían ninguna información, además de poco creíble, sería de lo más preocupante. Eso significaría que al frente de nuestro país tenemos un gobierno de aficionados irresponsables que no se enteran de nada y, por tanto, son incapaces de salvaguardar las fronteras. Lo evidente es que los ciudadanos hemos asistido a un espectáculo incalificable: el presidente de Gobierno de vacaciones y sin dar muestras de interés ni preocupación por lo que estaba y está sucediendo.

Solo la titular de Defensa ha sabido estar a la altura del problema, a pie de calle, sin esconderse, escuchando a los ceutis, buscando soluciones. Decía Alfredo Pérez Rubalcaba, refiriéndose al último gobierno de Aznar, que los españoles no nos merecíamos un Gobierno que mintiera. No, no nos lo merecíamos, como no nos merecemos otro gobierno que se lleva mal con la verdad y que durante una crisis de seguridad nacional el presidente estaba de vacaciones y no fue capaz de regresar para ponerse al frente de una situación gravisima. Si a Pedro Sánchez le queda algo de pundonor, debería de aceptar los errores cometidos, pedir perdón, y convocar elecciones.

Es lo que haría un demócrata.