Diario de León

Creado:

Actualizado:

En el verano enterramos jalones para que el tiempo no nos atropelle con el madrugón de todos esos días en los que hacemos lo mismo que ayer. Crecemos a costa nuestra, renunciamos a desayunar antes de acostarnos, renegamos de los análisis del colesterol, compramos yogures con probióticos y, al querer reencontrar el rastro, buscamos a palpos los hitos en los que identificamos cuándo nos hicimos mayores de aquellas. Los hemos dejado tirados por ahí, en los márgenes de las últimas semanas de junio, entre los días que creímos inacabables de julio y agosto, donde reaparecen las huellas que asientan el testigo sobre la línea cronológica para recordarnos en qué momento comenzó todo, cuándo cambió, dónde estábamos aquella tarde. No sabemos qué comimos el martes de la semana pasada. No guardamos referencias apenas a diario. Pero tenemos un álbum completo de fotografías en estos meses, de esas que antes se imprimían para abanicarlas con el transcurso de los inviernos y ahora se pierden en la maraña de la base de datos del móvil para no volver a mirarlas nunca. Estas instantánea las podríamos describir hasta el detalle más nimio. No nos hace falta siquiera mirarlas. Las conocemos de memoria aunque prenden mejor en compañía. Nos basta con arimarnos un poco a los amigos, dejar caer una anécdota en la conversación y fabular el recuerdo para inventarlo como si volviéramos allí de nuevo. ¿Te acuerdas? Casi todas esas primeras veces fueron entonces. Ahora ya sabemos que el truco se esconde en asimilar que se vive más rápido cuando se sabe que lo bueno se acaba, que mañana no podrá ser igual. La lección la aprendimos con el final de agosto. Uno siempre volvía más mayor. A los pantalones les faltan dos dedos hasta la frontera del tobillo y hay que estirar el bajo. La noche tiene más oscuridad, pero menos horas de esas que hemos apurado hasta cerrar las orquestas de las verbenas. La libertad de soltarnos la mano en el pueblo desaparece de pronto con septiembre, envenenado de rutinas. Pero no hay quien nos quite lo vivido. El verano del eclipse lo vamos a recordar siempre.

tracking