AL TRASLUZ
«Humorada humanidad»
Hace muchos años que Margarita Merino forma parte de mi cátedra de la amistad, y no importa que viva desde hace décadas en Estados Unidos, ni que nuestros reencuentros sean muy esporádicos. ¡Tres hurras por el correo electrónico, aunque nos perdamos tan preciosa letra! Sus libros no solo me hablan, también me escuchan. Margarita es cada verso que escribe, sobre lo que ama o sobre lo que rechaza. Qué bello su último poemario, en edición bilingüe I mercati D'Italia (Los mercados de Italia), en Di Felice Edizioni, con cristalina traducción al italiano de Emilio Coco, leyenda viviente del hispanismo y de la traducción. En sus páginas, me encuentro a la que fue, es y será; ni disfrazada de Nabuconodosor dejaría de ser ella misma, es decir, auténtica. Ahora poetiza un mercado italiano, pero el tema latente vuelve a ser su anhelo de un mundo fraternal y armónico. Por ello, su poesía nunca es escapista, sino rebelde. Ama lo humano, pero no lo desliga de la naturaleza. Si me permite la broma, de colarse de polizón en el Arca de Noe no sería para salvarse, sino a un elefante amigo suyo que ha quedado fuera de lista de pasajeros. En mi lectura, percibo que el mercado del que nos habla es la vida, y la poeta nos advierte que no todo debe estar en venta, empezando por nuestra propia conciencia autocrítica. Escribe clarividente: «ni a la diversión de los zapatos bonitos habrá que sucumbir», porque también proclama: «(…) sentenciados por las multinacionales/ avaricia sin mesura consumiéndolo todo/ —emoción, serenidad, entendimiento— entre personas». La brumosa belleza de lo exacto.
El libro está dedicado a Stephen J. Lindsay, su pareja. Incluye un poema dedicado a Coco, porque una de las improntas de Marga es su gratitud. Sí, la leonesa vio venir este mundo que se desangra en cambios climáticos, y es rastreable en su poesía. «Hoy urge cantar la honestidad», nos dice. Cantemos. Lo ha hecho siempre, con una obra de asombrosa coherencia, en la palabra y en la praxis; la reconozco tanto en los versos: «El ángel de los suspiros nos roza/ inspirando un planeta en concordia». Qué gran embajadora del corazón del mundo. Y tal maga buena escribe: «humorada humanidad tan verdadera». Puro ella.