CORNADA DE LOBO
Tú, bueno pollo
Qué tal, ya fuiste de vacaciones?, le pregunté creyéndolo en él necesario y muy merecido... Hay que trabajar; es el mandato que desde hace treinta años gobierna a este buen mahometano observante. En febrero volverá tres semanas a su pueblo pakistaní, Diwam-e-Hazoori, a diez mil kilómetros. Es Asad Shah, lejano emigrante que halló patria donde encontró su pan haciéndolo bandera y contribuyendo a la hacienda pública, español en su apacentar tal y como se hizo mejicano tu tío-abuelo (Eusicinio a su pesar, Cinio en la memoria) tras salir de La Vega y no volver jamás si no fue para enterrarse aquí, que en eso era todo un sentimental. Pero Asad podría ser otro emigrante más de los que hacen crecer el odio o la distancia en quien se tiene por hijo de la pata trasera del caballo de Pelayo, caballo bayo, manda carallo ese caballo tuerto del ojo siniestro y tan indicado para el picador a diestro con puya cruel en corrida nacional. ¿Quién imaginaría a Asad en los supuestos delictivos que encaloman habitual y alegremente al emigrante?... ¿por qué no se quieren ver sus lecciones de esfuerzo y ganancia justa, de decencia y convivencia?...
Hace ya unos cuantos años que le conocemos y nuestra condición de clientes la fija tanto la admiración por su carácter siempre afable como la lealtad a la excelente calidad de su oferta, un sencillo y grandioso pollo asado en un establecimiento que también es bar y de comidas de plato rotundo y económico para mucha gente de cerca y también peregrina que aquí gana un jubileo siendo esa calle ruta jacobea si se sube por Miguel Castaño, «Las Salas» se llama el sitio. Tú llevar bueno pollo, te dice siendo generoso al propinar patatas y «padrones» como perdones de llevar al que quedó en casa. Y cita con cariño a un cliente leal como Emilio Gutiérrez, que fue alcalde al que no pudo domesticar la Carrasco y que no deja de alabar este magnífico asar de Asad como si lo llevara profetizado en ese nombre (y así cada dominguito antiguo de pollo en la mesa). Y qué bien resiste su negocio teniendo por vecinos tantos locales que cierran o aventuran lo efímero. ¿Lo llamamos honradez?...