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Ponferrada reanuda los actos de la Encina

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Voy lo mínimo a Madrid porque me asalta allí el mal de los Isidros, esto es, me se hinchan los pies y me se viene un dolor zumbón a la cabeza al ver tanto bulto, ruido a troche y gente a moche que rema y rema para morir en la orilla de los días rotos. Y si puedo, vuelvo en el día... ¡qué mal se duerme dentro de una estufa o un tambor!...

Me puse en camino de mañanita con la fresca que aquí rifa ya septiembre (¡aire incondicional!). El sol a tres cuartas sobre el horizonte tiene guiño de promesa confiando en que será bueno lo que te lleva a la capital, mientras el color pajizo-rastrojera es desde aquí el paisaje que no abanona la mirada a diestra y siniestra hasta avistar el rompeolas de todas las Españas desde las cuestas de Guadarrama donde ya no hay rastrojos porque todo es cultivo de urbanizaciones y chalets obsesivos, un orden territorial donde sólo manda el tócamerroque. Cruzando la sequera castellana, sin asomar un sólo pueblo guapo y bien abrochado, nunca deja de asombrarme la enormidad de terreno en barbecho o abandono añorando la potencia cerealista que un día fue (¿hay que cagarse en Bruselas o en nuestra propia indolencia?). Ese paisaje triste e insultante lo certifican las vistas de la Vuelta a España llevando a maldita comparación con las del Tour de Francia donde todo asoma en verde de bosque o surco en cultivo contínuo sin dejar tierras yermas. Y es que este nuestro país, en septiembre, tiene un color africano que anticipa lo que será en un futuro todo el año. Sólo donde hay viñedo o viejo pinar se redime la vista.

Y al volver, entrando la noche, dos pasmos: uno, el enjambre de camiones en la autovía que une Madrid y Galicia, a veces en hilera, como si fueran un tren, pero con su máquina cada vagón encareciendo la vida (¿y la mercancía en ferrocarril pa cuándo?)... y dos, el pestilente e insufrible olor de purines de cerdo que cada poco se cuela por la ventanilla haciendo inconcebible que siga así el enorme negocio porcino español (¿y respiran los pueblos ese olor todo el año?). Ser feo y además oler mal quizá explique en algo esa España vaciada. En fin, que esa Castilla huele horrible.