hojas de chopo
Los hermosos cantos de sirena
Septiembre es el emblema, acaso la metáfora de la vuelta a la normalidad, a la rutina, aunque no deja de ser cierto que este tipo de clichés van perdiendo consistencia por la movilidad poblacional, con sectores que tienen intereses y obligaciones distintas. Suele ser, en cualquier caso, época de novedades, inicio de proyectos y también tiempo de «escuchar cantos de sirena». Ya sabemos que es esta una expresión metafórica para referirse a promesas atractivas, halagos o argumentos muy seductores que, en el fondo, ocultan un engaño o conducen a un peligro o un mal desenlace. Las cosas de la vida que conocemos en algún momento de la misma. Palabras agradables que intentan seducir, engañar. Sin embargo, el tiempo ha añadido valores positivos en frases como «parece una sirena» o «nada como una sirena», puramente metafóricas también.
Y es que la sirena es una criatura prodigiosa, mortífera, constituida como ser humano desde la cabeza hasta el ombligo, mientras que su parte inferior, hasta los pies, es alada. O sea que, como es el caso, lo mitológico entra en nuestras vidas con absoluta normalidad, tanta que, a veces, no somos conscientes del hecho. Convivimos con muchos seres mitológicos, con diversas circunstancias en que el mito parece o es más real que la propia realidad. «Escuchar cantos de sirena» es frase que aparece ya en la Odisea, de Homero. En la mitología clásica las sirenas eran criaturas monstruosas y hermosas que habitaban una isla rocosa y atraían a los marineros por su canto hipnótico. Son abundantes en los bestiarios medievales. Cantan y tocan dulcemente varios instrumentos: la trompa, el arpa, la propia voz. Así seducen, aunque también asustan, posiblemente a partes iguales.
El mundo de las sirenas es un mundo aparte y rico, con las incidencias lingüísticas derivadas, como se ve, por su origen. Abunda además un mundo de curiosidades que expone, entre otras muchas, Elisabet Riera en su hermoso libro Los alados: «Las hay de tres naturalezas: una es medio pez y medio mujer; otra es medio ave y medio mujer; otra, medio caballo y medio mujer. La que tiene forma de pez y de mujer tiene un aspecto tan dulce que todo hombre que la oiga cantar se acuesta de buen grado para escucharla, y tanto le agrada su canto que se duerme; y, cuando ve la sirena que el hombre se ha dormido, se arroja sobre él y lo mata. Y la que es medio ave y medio mujer produce tan dulce sonido de arpa que el hombre va a oírla con mucho agrado, hasta el punto de que se duerme; y también esta sirena va a matarlo. Y la que es mitad caballo y mitad mujer produce un son de trompa tan agradable que todos los hombres van a oírla con gusto; y, cuando el hombre está dormido, debido a la melodiosidad de la trompa, esta sirena lo mata también».
Queda advertido(a). Tenga cuidado. Puede que sean estos tiempos de cantos de sirenas.