Ese negocio
De educación negocianta va... de colegios de pago, academias selectas, liceos firulís, universidades de coto y escarapela... Y la concertada en León, ya mayor que la pública.
Llegó septiembre y la vuelta al aula desangra la economía familiar ya exangüe tras las vacaciones. Ni la enseñanza pública se libra de tal sangría en libros, material didáctico y mandangas escolares, sin contar mochilitas y ropitas y extraescolares y lo de «santa Cecilia tocaba la flauta bajo los sauces de Babilonia». La enseñanza en todos sus niveles devora un buen trozo de la tarta nacional y del esfuerzo social para llegar al final a una conclusión deprimente: en la última edición del prestigioso Ranking de Sanghái sólo una universidad española -Barcelona- figura entre las 200 mejores del mundo... y sólo 12 instituciones españolas entre las 500 mejores. Porca miseria... ¡y qué decir del informe Pisa!... tanto remar ¿para morir en la orilla del respeto internacional?... Se multiplicaron las universidades (toda ciudad quiso la suya; incluso algún pueblo alcanzó lo suyo) y se hizo flaco favor a la excelencia pedagógica, investigadora y técnica. Muy fracturado el panorama. No hay profesorado de altura para tanto corralito, ni medios para optimizar especialidades, mientras la endogamia y el amiguismo en copar plazas permitió escalar cotas de una mediocridad inimaginable en un centro del saber en el que, supuestamente, está la gente más lista de la sociedad.
Por si fuera poco, al guirigay de universidades públicas se suma incontinentemente una fiebre por universidades privadas, demostrándose que la educación, la enseñanza, es un codiciado negocio, tanto desde el punto de vista económico como en el ideológico (lo de las élites funciona aquí como en modelo americano). Y como es negocio, hay que atender generosamente a los clientes que logran aprobados como churros, se consiente indisciplina educativa, trampas, cursitos de mierda y título orlado, centros de los que salen alumnos de excelencia pregonada que, sin embargo, no superarían un mínimo examen oral al no poder taparse sus vergüenzas como ahora lo hacen con IAs, cortaypegas o pamplinas.