Diario de León

AL TRASLUZ

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Atiende, cacho perro

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Según el informe Pisa, los alumnos españoles cuentan con los dedos y aun así se equivocan. En España, eso de una menos en Canarias ha creado confusión. Pero peor aún es el resultado en comprensión lectora. Dicho esto, en Castilla y León somos una de las tres autonomías con mejores resultados, aunque hemos bajado algo. A mí las matemáticas no me entraban, y siguen sin entrarme. Explicado en amiguitos de Mafalda, tuve más de Felipe que de Manolón. En mi caso, el sistema educativo no tuvo la culpa de mis malas notas. Y no podía alegar el socorrido es que los profesores me tienen manía. Simplemente, fui un heterodoxo del aprendizaje. Estaba siempre ensimismado en lo mío, aunque fingía muy bien que atendía en clase. Luego, llegaba el Argamedón: «¡Tomá, el examen era hoy? «¿Pero eso entraba?». Eso sí, desde niño fui muy lector. Debía de tener desconcertado a los profesores, pero aún más a mi cerebro. Leía y escribía. En la adolescencia, leí un cuento precioso de Carson McCullers, en la que hombre argumenta a un crío que fracasamos en el amor porque deberíamos haber amado antes algo más fácil, por ejemplo: un árbol, una piedra, una nube. Me impactó, porque lo entendí. Desde pequeño me ha interesado la condición humana. ¡Con tanta actividad cerebral autónoma cómo iba a atender en clase! Ah, si hubiese sabido entonces lo que ahora sé… que encontraría a Marta, que me pagarían por escribir… que ya llevo casi 40 años con esta columna. Pero no funciona así el aula de la vida. A vivir aprendes viviendo. Hoy leo menos, pues mis ojos están cansados. Pero aún me motiva la posibilidad de escribir una frase que quizá ayude a alguien.

Ojalá pudiéramos transmitir a los jóvenes lo que la vida nos ha enseñado, pero tengo mis dudas de que sea posible. En efecto, a vivir se aprende viviendo. Lo supe ya de mayor: qué buenos y generosos profesores tuve.

Las viejas verdades son la mismas, nunca cambian. En este momento, hay un chaval ensimismado en sí mismo, en vez de atender a los quebrados. ¡Atiende, cacho perro! Y al llegar a tu casa… lee. Empieza con un cuento (árbol), otro día un relato –(piedra) y después una novela (nube). A veces, tú encuentras el libro; a veces, él te encuentra a ti.

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