Se avecina otra tormenta
El BCE ha subido los tipos de interés al 2,5%, una noticia que llega acompañada de un escenario energético inquietante y unas previsiones sobre la inflación nada tranquilizadoras. El petróleo supera los 105 dólares por barril y el gas recupera precios que no se veían desde 2022, cuando Rusia invadió Ucrania. La primera consecuencia se dejará sentir en las hipotecas con cuotas más elevadas. Las empresas pueden frenar inversiones, dificultar la creación de empleo y poner en riesgo la supervivencia de muchos negocios. A está factura habrá que añadir el impacto de los precios de la energía que encarecerá aún más los carburantes, el transporte y la distribución de mercancías. El gas, por su parte, amenaza con volver a convertirse en un factor determinante de la factura eléctrica. Pero lo más preocupante es el nada esperanzador mensaje del BCE al asegurar que las tensiones inflacionistas podrían prolongarse mucho tiempo. Frente a esta realidad, resulta difícil compartir el discurso triunfalista de Carlos Cuerpo porque, aunque muchos trabajadores hayan recibido incrementos salariales, lo importante no es cuánto sube la nómina, sino cuánto se puede comprar con ella. Y resulta que el salario real ha caído un 3,4% desde la llegada de Sánchez al Gobierno. Otro indicador que desmonta cualquier autocomplacencia es el crecimiento de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital. El Gobierno cifra en 2,7 millones las personas que reciben esta prestación con un coste de unos 5.000 millones de euros para 2026, cuando lo lógico si todo va tan bien es que se redujeran los perceptores de esta ayuda. Además, ya se está percibiendo el debilitamiento de la economía . España no es la economía que más crece de la UE, ocupa el noveno lugar y lo hace a un ritmo inferior al de la media. Con tipos más altos, energía cara, inflación persistente y menor capacidad de consumo e inversión, el Gobierno debería abandonar el triunfalismo y prepararse para lo que viene. Familias y empresas necesitan menos impuestos, más seguridad económica y medidas que alivien los costes, no discursos que nieguen sus dificultades.