cuerpo a tierra
La nueva fauna
De la iluminación de las calles, igual que de la limpieza de estas en los barrios, cabría decir lo mismo que de la obra de algunos escritores: podríamos exigirles a veces un poco más, pero muy difícilmente podríamos exigirles menos. Uno quiere creer que son cosas enlazadas y hasta premeditadas: hay poca luz para que al menos de noche no se vea la mugre, los hierbajos de acera, los animalitos que asoman a través de las bocas de las alcantarillas. No hablaremos de salubridad, sino del nicho de oportunidad para los depredadores en que se ha convertido la ciudad. La naturaleza siempre se regula con sabiduría y a una plaga de topillos le sucede un pico de águilas que se los zampan.
Esa marta que apareció muerta en las calles, frutos del bosque no iría buscando, sino esos pequeños mamíferos que son la base de su dieta omnívora, pero sobre todo carnívora. Si no fuera porque el alcalde ha manifestado que no quiere que León sea una ciudad turística —ni siquiera para ese turismo accidental de «ven a León, tropieza y obtén tu baja», que una presentadora comentó en antena durante la retransmisión de un partido de fútbol—, si no fuera por eso, habría ahí una opción para promocionar un turismo de naturaleza urbana. Nosotros ya lo habíamos apuntado: dada la flora que exhiben las botánicas aceras repletas de parterres espontáneos de malas hierbas, pedimos en su momento codornices y liebres para esas eras, sin que se nos tomara en cuenta. Ante ese vacío, la ecología halló su forma de llenarlo. Los roedores eran previsibles, pero lo de la marta nos ha sorprendido hasta a los que somos de pueblo, por más que este mismo año hubiera algunas señales previas anunciando ese asalto faunístico, se acordarán de aquella culebra que apareció en el retrovisor de un coche o de aquel corzo paseándose por el centro y carretera de Asturias arriba.
En los últimos tiempos, en León habíamos mirado más al cielo que al suelo, tal vez siguiendo la doctrina para disculpar incendios del gobierno: las plagas de estorninos y palomas turcas concentraron los mayores esfuerzos municipales en combatir invasiones alóctonas. Ahora esta nueva fauna en crecimiento nos recuerda que el temporal descuido de lo terrestre debe obligarnos a poner los pies en el suelo.