Por un final feliz
Solo he podido asistir a algunas sesiones del excelente congreso sobre los cines y teatros leoneses. Me quedé sin aplaudir a Esther Bajo y Joaquín Revuelta, aquí les van mis aplausos. En cambio, sí pude disfrutar del coloquio sobre el Emperador, y antes del reportaje de José Manuel Mures —realizado a principios de los noventa— sobre las entrañas de esta querida sala. El locutor tenía entonces negrísimo el pelo y cierto aire a Demi Roussos después de su dieta milagro. Hoy sigue pareciendo joven, y su reportaje merece ser conservado como patrimonio artístico. Memoria prodigiosa y dicción perfecta, con el documental nos hizo viajar por los laberintos del teatro. Si me lo hubiesen encargado a mí, aún estoy buscando la salida. Al mostrar la habitación donde se guardaba atrezo para las compañías dice señalando una muleta: «Esa es para el cojo de Lepanto». Vale, Cervantes en aquella batalla quedó manco, pero el susto le haría además cojear, ¿no? Por cierto, conocí a Marta gracias a una película del Emperador, en conversación sobre Las amistades peligrosas. Gracias, Cupido. En el reportaje vimos unas bellas imágenes de Velasco pintando el cartel para Las dos Torres, la segunda entrega de la trilogía sobre la obra de Tolkien. Nunca podré olvidar el aplauso con el que cerramos El retorno del rey, mientras Annie Lennox cantaba Into the west. Aún lloro cuando la escucho. Qué final tan luminoso.
Alguien preguntó después por qué el Emperador inspira tanto afecto. En mi caso, ya he dado la explicación, pero tengo además otra: vimos en esta sala muchas de las historias que nos marcaron para bien. Gracias, Elde. Ayer éramos jóvenes y hoy nos vemos reflejados en un estanque dorado. Una de las más conmovedoras películas sobre la vejez es «Dejad paso al mañana»(1937), de McCarey. Sí, dejémosle paso… ayer y hoy son territorios comunes del mismo mapa emocional.
En Madrid, el inhumano desahucio a una mujer de 87 años, de la casa en la que ha vivido siete décadas, nos lleva a proclamar que no somos cine mudo, nuestro corazón aún grita. Los finales felices no pueden quedarse en las películas de Capra. Hagámoslo juntos.. Todos deseamos terminar nuestra última etapa con un agradecido ¡Qué bello es vivir!