AL TRASLUZ
Si te roban el yo

Ya lo gritó Unamuno: «¡El yo, que me roban el yo!». Y no lo tenía pequeño. Pues con esto de las nuevas tecnologías, ya nadie estamos a salvo de que nos roben la identidad. Al parecer, ahora a la inteligencia artificial la van a llamar superinteligencia. ¡Y uno creía que nunca podría ya inventarse nada más asombroso que el wc parlante ese de los japoneses! Ayer mismo mi ordenador me hizo un resumen de un intercambio de correos electrónicos con un amigo, resumen que no soy consciente de haber permitido. ¿La protección de datos es un pájaro? ¿Es un avión? Tenemos que sentarnos a hablar de progreso… y de mucho más. Banderas acaba de ofrecernos una serena reflexión, a partir del desahucio de Mari Carmen: las noticias trágicas él las percibe como problema global y no solo como un caso concreto, pues su empatía está con todos los desahuciados, pero también con el sufrimiento de Palestina, con el que padeció Israel con los rehenes, con las víctimas la violencia machista o del cambio climático, es decir, con todos los sufrimientos, pues lo contrario sería caer en el partidismo unidireccional. Lo hacen muchos políticos. Tiene razón el actor: necesitamos que nuestra fraternidad se abra como un abanico. Lo que es solo grito se diluye en el griterío de otros. Por cierto, ¿de qué profundades irrumpe el odio en las redes, anónimo o no? Una mujer de 87 años está siendo linchada. Hasta alguien ha recordado que, hace más de 30 años, ella no saludaba en la escalera. La supermezquindad no necesita ser inventada. Un buen amigo ingeniero y con creatividad artística, me ha remitido una imagen realizada con inteligencia artificial en la que se me ve paseando con Cervantes, entre rascacielos de Chicago. Tras mostrarle mi agradecimiento, le he dicho que no me reconozco tan radiante. No soy ese. Quizá, soy peor… pero humano. Además, ninguna IA me dijo: «¡Mira al pajarito!».
Lo cierto es que si te roban el yo tampoco sería muy grave, si no conlleva además otros atracos. Quienes te aman guardan en ellos una copia de ti. Y viceversa, claro. Los seres humanos tenemos que sentarnos a hablar sobre progreso, con el corazón en la mano. Son demasiados siglos alejándonos de la misión de amor que nos fue encomendada.