Menestra de realidades imparciales

Biblioteca municipal de Ponferrada.
La Biblioteca Nacional de España debería separar el trigo de la paja y no soportar el bulto de esos enormes depósitos de manuscritos recientes, que fueron tramados como si fueran inmaculados y espontáneos originales hológrafos (con h y sin ella) sólo para magnificar vanidades dando el pego. Los espacios públicos cubiertos y bien acondicionados, con ricos muebles, calefacción, luz y otras modernas comodidades, sean bibliotecas o archivos, nos cuestan mucho a los contribuyentes y no se pueden saturar con mentiras y tonterías que, en el mejor de los casos, sólo podrán ver y «gozar» algunos poquísimos «eruditos de salón» que no saben ni conocen formas mejores de perder el tiempo. Estos manuscritos, tan «originales y magníficos», que se los queden los autores en sus casas.
No todas las opiniones se merecen respeto, algunas son tan disparatadas que no se pueden tolerar. A muchos ancianos todavía nos queda capacidad de asombro, y desolados vimos que en el 41.º Congreso del PSOE celebrado en Sevilla acabaron cantando la Internacional con el puño izquierdo levantado. Pueden hacerlo, lo hacen, y lo venden como cosa buena, progresista, moderna, pues lo malo, malísimo, retrógrado, es levantar el brazo derecho con la mano abierta y extendida. Es la ley del embudo que aplican los personajes agresivos, faltones, ignorantes, mentirosos que unas veces dicen que cuatro por dos son nueve, otras que son quince, o veintitrés, según les cuadre, y como repliques que son ocho te llaman fascista. Aquel escritor, casi famoso, miraba por encima del hombro a los humildes que incluso eran más altos que él, y muy por debajo, agachándose, a los poderosos cuya protección imploraba servilmente. Un día que en el teatro del pueblo presentaba un librito nuevo no se limitó a magnificarlo, también sacó a relucir a su familia, allí presente en la primera fila de butacas. Y dijo que a su sobrino tal le llamaban ilustrísima señoría, que a su sobrino cual lo consideraban gran humanista políglota, que si patatín y que si patatán, muchos minutos sin parar de echarse flores, hasta que alguien, desde el gallinero, cansado de tanta tontería y vanidad, protegido por la obscuridad, disimulando la voz, gritó: «También tiene usted dos sobrinos borrachos muy faltones, una hermana puta, una cuñada del mismo oficio, y un primo carnal desfalcador de banco». Hubo un gran silencio, luego algunas carcajadas. Para título bonito el de Vicente Garnelo Villafañe, fallecido en 1830, que era «Procurador Mayor de Causas y Contador de Horas de la Insigne Colegiata de Villafranca del Bierzo». Ahora hasta el más torpe dice que sabe hacer botijos, y hay pregoneros de las Fiestas del Cristo de la Esperanza a los que las autoridades civiles les atribuyen conocimientos, amor y defensa de nuestra querido pueblo por el simple hecho de haberse tomado un café en la plaza Mayor o dado un paseíto por el Jardín de la Alameda; pero no conocen los Tejedores, el Malvís, las Tres Campanas, ni han recorrido el Paseo Fluvial del Burbia camino de Vilela, ni el Camino de la Virgen, el Campo de la Gallina, la carretera de Puente de Rey, el Casar de Valdaiga, tampoco los libros de los escritores y la Historia de la villa más hermosa de El Bierzo. Ignoran, por ejemplo, que el nombre completo del benéfico doctor Arén es Francisco Arén de Soto, que no era médico, sí sacerdote que desempeñó numerosos cargos, entre ellos el de Canónigo Provisor y Vicario General de México, mandó construir, con las rentas de sus empleos, el puente de piedra que hay sobre el río Valcarce, de tres arcos de 50 varas castellanas de largo y 6 de ancho. El 10 de marzo de 1784,
La Gaceta de Madrid elogiaba la filantropía de este gran benefactor de Villafranca. Estos pregoneros sí que tienen afán de protagonismo, pero ni siquiera saben que Madoz, al pasar por aquí quedó prendado, y nos lo dejó escrito con bien fundados elogios que hay que agradecer. No obstante, debo señalar que a nuestro ilustre paisano lo llama «Doctor Areu de Soto», y «Perge» a «Pereje», quitándome la ilusión de haber podido ser «Paraje» este lugar a orillas del río Valcarcel que tanto ha significado en mi familia. Los pregones de la Semana Santa suelen ser otro cantar muy distinto, con personas cultas que saben lo que dicen, lo dicen bien, y demuestran gran amor por la villa a la que se sienten muy unidos. En 2007 fue pregonero mi querido e inolvidable cuñado Juan José Mateo López Combarros, fallecido en 2018. El viernes, 9 de octubre de 2026, estuve en Ponferrada. A las 10 h. aparqué el coche bajo los árboles de la calle que alberga la Escuela de Idiomas. Visité la Biblioteca Municipal, que está muy cerca. Al salir me permití un garbeo por la zona, sin gente, sin ruidos, sin prisas, recordando que en los años sesenta del pasado siglo por allí pasaba una presa de riego y se cultivaban pimientos. ¿Vamos mejorando? Luego, cuando subía andando hasta el Hospital de la Reina, al llegar al cruce con la antigua avenida de José Antonio o Carretera Nacional VI, enfrente de la desaparecida Academia Centro Ágora, tuve la agradable sorpresa de encontrarme con el amigo Emilio Vega Gómez, el mejor poeta lírico de El Bierzo que, desafortunadamente, todavía no tiene fotografía en la Biblioteca Pública Municipal en la cual sí figuran demasiadas escritoras y escritores no nativos, autores de dos o tres libritos insustanciales, paridos al amparo de internet una vez jubilados como funcionarios. Sí me alegró ver la fotografía del gran escritor Luis López Álvarez, pues su hermano César se casó con María Teresa, la chica más bella del planeta, impresionante villafranquina, hija de Josefa P. Bouza y de Casimiro. Marta, sobrina de Luis, el 25-3-2012, me dijo: «Me salen un poco los colores por haber ido dejando de escribirte. Con La Diosa del Cúa mi madre y yo lo hemos pasado genial. La empecé a leer en voz alta y se partía de risa, luego continuó ella. Este año se la regaló a mi tío Luis y, con toda ilusión, se la llevó para Puerto Rico. Mi madre sigue siendo una villafranquina de pura cepa, lo mejor de la familia. Un beso». Villafranquino desconocido es Lauro Ledo Guido y su tesis doctoral:
¿Qué debemos entender por mal de Bright?, anatomía patológica, etiología y patogenia de este proceso morboso discurso que presenta Lauro Ledo y Guido. Tesis de Doctorado leída en la Universidad Central el 28 de enero de 1884 Materias: Ciencias Biomédicas > Medicina > Nefrología y urología. Proyecto de digitalización. Universidad Complutense de Madrid. La fábrica de Ledo, de Villafranca, además de Almíbares y Conservas, «trabajaba», o comercializaba, el chocolate, cosa que apenas se conoce. En otoño de 1918 la cruel gripe martirizó a Villafranca, Hijos de Tomás Ledo donó 30 libras de chocolate de 1,75 pesetas la libra. Este donativo y todos los demás están relacionados en mi libro
A orillas del Burbia. Tendría yo tres o cuatro años cuando mi querida abuelastra Sofía Magdalena García me cogió en sus brazos y me llevó por primera vez a las huertas que teníamos en San Fiz. Entonces, sin perder detalle, yo no paraba de preguntar, y ella de explicarme, sorprendida por el mucho interés que mostraba. Algunas señoras cogían con las manos unos bichos muy raros que proliferaban en hojas y tallos. Los echaban en latas y calderos, luego les prendían fuego. Era el muy tragón escarabajo de la patata, que apenas acababa de llegar y muy pronto se tornaría en mala plaga. A partir de aquí, ya todos los agricultores de regadío se vieron obligados a utilizar las máquinas de «sulfatar» empleando aquel veneno llamado Cruz Verde. Hoy se fumiga una barbaridad, todos los productos de las huertas, de las viñas. Habría que cambiar, y hacer agricultura ecológica, tendría más calidad y valor añadido. Con toda Burbialidad.