Sin maniobras para ocultar la verdad y las responsabilidades

El ministro de Transportes, Óscar Puente, comparece ante los medios de comunicación en el Centro de Control del gestor de la infraestructura ferroviaria, Adif, en Madrid, para informar del accidente por alcance en la red de alta velocidad ferroviaria de este miércoles en Urda (Toledo). EFE/ Borja Sanchez-trillo
El país mira de nuevo hacia su ferrocarril —que se suponía que era un ejemplo a nivel mundial— con el corazón encogido deseando que no siga incrementándose el número de fallecidos. Tras lo ocurrido hace nueve meses en Adamuz, las víctimas de entonces se hartan de pedir una explicación clara de las causas y de denunciar el total abandono que están sufriendo.
El guion del actual Gobierno, en este tipo de episodios, es conocido. Versiones rápidas señalando a otros para intentar diluir las culpas. Discursos políticos evitando cualquier asunción de responsabilidad. Y compromisos que nunca se hacen realidad, porque parece que la sucesión de desgracias que padece España desde hace años empuja a un olvido que es tan injustificable, como terriblemente injusto, con los afectados en cada caso. Palabras como ‘inasumible’, ‘inverosímil’... son insuficientes como respuesta. El aparato de La Moncloa se parapetó ayer de nuevo, liderado por la guardia pretoriana que rodea a Pedro Sánchez, para anunciar investigaciones —que nunca se han producido, ni siquiera sobre el apagón del año pasado— y proclamar que, si han existido negligencias, «se sabrá».
Resulta lamentable que se plantee así la respuesta desde un Gobierno que manipuló todo lo que pudo la tragedia de Adamuz —y mintió sobre el comité de expertos del covid— para ocultar que existía una deficiencia en la vía, en un tramo en el que había intervenido la trama próxima al exministro Ábalos y sus peculiares aficiones, por llamarlo de un modo educado. Ahora, el relato oficial intenta imponer un presunto ‘error humano’ que, según distintos expertos, es muy improbable por el nivel tecnológico de la red ferroviaria.
El ministro Óscar Puente descartó desde el primer minuto presentar su dimisión. No sorprende a nadie. Pero cabe preguntarse qué más tiene que ocurrir para que alguien asuma responsabilidades, porque son decenas de miles de personas las afectadas por graves deficiencias de gestión de este Gobierno, con más de un centenar de víctimas mortales. Parece claro que hay que cambiar algo.