Nadie sabe, no así

No soy partidario de decir « pude coger ese tren», aunque en este caso es verdad. El pasado viernes viajamos en AVE a Sevilla, a una reunión de primos Aguirre, y el domingo regresamos en ese transporte — mi hermana y una prima lo habían cogido horas antes-. Me resulta inevitable percibir que pude estar en el tren de la tragedia si hubiese retrasado mi regreso, algo plausible pues me encontraba agotado tras mi viaje a Chicago. Todos quienes asistimos al encuentro somos conscientes de que hemos vivido más de los que nos queda por vivir; asumimos como inevitable el declive, aunque pongamos de nuestra parte por retrasarlo… pero nadie puede aceptar que su final sea consecuencia de un choque de trenes, que pudo ser evitado. Sin duda, en el momento de la colisión, las víctimas reían, conversaban entre ellas, hablan por sus móviles, trabajan con el portátil, leían, mandaban correos, hacían planes que ya no tienen. También, cuánta tristeza deben de sentir todos los trabajadores del sector, que cada día dan lo mejor de sí mismos. Dicho esto, como usuario puedo alegar que es perceptible un deterioro en la regla de oro de la puntualidad. Nadie exige llegar antes, sí a la hora fijada… y vivos. Algo falla en el sistema. Pero todo a su debido tiempo, enterremos primero a los muertos.
Mientras los especialistas concluyen sus conclusiones, solo cabe callar, rezar, llorar, dar consuelo, contribuir… por ello, han resultado tan obscenas las declaraciones de Abascal culpando directamente a Pedro Sánchez del accidente. No así. Como decía Ellington cuando se le pedía que explicase qué es el jazz: “si te lo tengo que explicar nunca lo sabrás”. Lo mismo puede decirse del ministro Puente, un analfabeto emocional, quien ya ha anunciado que se ha debido a un error humano; indecente forma la suya de exculparse de sus responsabilidades políticas y humanas.
De nuestra reunión en Sevilla, todos los primos regresamos con la certeza de que el tiempo que nos queda debemos emplearlo en sentirnos prójimos y próximos, pues este es el mejor homenaje a nuestros padres. En efecto, algunos pudimos haber viajado en ese tren… y esto carece de importancia. Nadie sabe cuándo y cómo morirá… pero ninguno deseamos que sea así.