NUBES Y CLAROS
Lo que da miedo

Archivo - Un manifestante empieza a quemar un contenedor durante una manifestación por el referéndum del 1-O en Cataluña, a 1 de octubre de 2021, en Barcelona, Cataluña (España).
Se anuncia un Halloween de mucho miedo. Los repugnantes invasores llevan esta vez las telarañas enredadas en sus cerebros, roña tejida en redes sociales de las que sólo atienden la llamada del grupo y la revuelta de rapiña. La mayoría de estos menores que forman filas enfundados de negro para robar y destrozar no defiende justicia social ni analiza los problemas que les acechan o acecharán. Sólo acuden prestos al aullido de la manada, y lo hacen hambrientos de transgredir y saciar sus caprichos al saqueo, con el bálsamo para su conciencia de que lo hacen por un fin. Saben que no es así, pero el olor de lo proscrito se les hace irresistible.
Sea Francia o Italia, Barcelona o Bilbao, o lo que se teme estos días también en León, la «reivindicación», movida desde el oscuro anonimato de las redes (los detenidos de Blocus llegan de tentáculos rusos, si no no sería una serie de terror de estos tiempos), busca poco más que el vandalismo y el saqueo. Y para eso pescan en los caladeros de los menores, que hasta para analizar el drama de Urda asumen la sapiencia de futbolistas que ven el mundo a través de gafas de colores. Aviados vamos.
Como una ya tiene una edad, rememora con estos dislates los vividos en el Madrid de finales de los 80 y sus entusiastas manifestaciones estudiantiles. Plagadas de reivindicativas proclamas que quedaron enterradas por quien se convirtió en el protagonista de aquellas carrerras a porrazo limpio. El cojo Manteca jamás pisó una universidad, pero aprovechó como nadie las algaradas para saciar su frustración a golpe de muleta contra todo lo que se le cruzó en el camino.
Lo terrible del vandalismo que reluce en tiempos electorales no es tanto quién alienta la violencia como la rapiña política que la utiliza con más saña para sacar rédito del despropósito. En todos esos extremismos que se tocan escuece, pero no sorprende. Pero ¿y en quienes están llamados a preservar un núcleo de cordura y altura de miras?
Aquí ninguno desaprovecha un resquicio de podedumbre para arrojar más mierda sobre ‘los otros’. Que no son el partido de enfrente, sino millones de ciudadanos que se resisten a que les cale la cochambre política. Da miedo la manada de saqueadores con pasamontañas. Da mucho más miedo el rebaño político chupando rueda de cuanta desgracia acontece. Pero no es noche de muertos, porque aquí, mañana, muchos seguimos muy, muy vivos.