CORNADA DE LOBO
Chaval, a rezar

El cordel con cuentas o bolas para rezar es más viejo que cocer alubias. Es invento antiguo originario de místicas y religiones asiáticas, Buda mediante. Lo llaman Japa Mala y tiene 108 cuentas de madera que sirven para el hilar mantras, oraciones y respiraciones meditabundas. Ese collar de mano acabó plagiándolo sin ningún pudor el musulmán para llamarlo Tasbih en dos formas según cuele en el cordel 33 o 99 cuentas que representan los nombres y atributos de Alá; y dale que dale a la matraca recitativa repicando sin cesar a las puertas de los siete cielos que cruzó Mahoma para que se abran derramando mercedes o, al menos, consuelo en sus tribulaciones y oídos a sus ruegos. No fue, pues, nada original el Rosario que en el siglo XIII fundó santo Domingo de Guzmán birlándole la idea al moro de religiosidad ejemplar en aquella España que ocupó al no apear de la mano todo el día su rosarito de cuentas susurrando rezos. En ello sigue, es su signo identitario. Pero la originalidad del dominico estaría en el número de cuentas al superar a todos alojando quince misterios con diez cuentas cada uno, 150, más otras 15 cuentas gordas para separarlos; y en la cola, otras 5 bolitas... 170 nada menos, aunque el rosario normal, no el que cuelgan al cinto los frailes, sólo tiene cinco misterios y 60 cuentas en total, rosario que tanto usó Madonna en sus desbragados shows colgándoselo al pescuezo como collar y haciendo bailar su cruz entre las tetillas (tuvo imitadores; y no sólo chicas). Hoy se estudia cómo en la generación Z (entre 18 y 30 años) algunos ponen de moda rezar el rosario (también se hacen nazarenos, turutas piadosos o usan lo religioso como fetiche), pues tras encuestar a 361 católicos, investigadores de Italia, Polonia y España descubrieron que los que rezan el rosario disfrutan de mayor bienestar, empatía y un nivel significativamente más bajo de ansiedad, beneficios que también se consiguen con técnicas de meditación como el mindfulness, tan de moda (y tan costoso en cursos o retiros). Con el rosario sale gratis; recitar oraciones desacelera la respiración y la frecuencia cardíaca, aseguran. Buda y Mahoma ya lo sabían.