Pedro Sánchez besa a su esposa Begoña Gómez ayer, en el acto de campaña del PSOE.JJ GUILLÉN

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De las muchísimas maneras de hacer el ridículo, en política, no encuentro una más estúpida que la declaración de amor, con beso incluido, del presidente hacia su esposa Begoña Gómez. Es cierto que somos un país diferente, pero estamos a un pasito de ser un país ridículo. Pero, ya se sabe que aquí, una prueba más de lo que afirmo, nunca pasa nada.

Me pregunto con frecuencia qué pensarán en Europa cuando vean la forma y manera de la actuación de nuestros políticos. Me lo pregunto, sabiendo la respuesta. Claro que, como país, pintamos poco en Europa. ¿Qué creíamos, que con estas actitudes debíamos estar en primera línea de influencia y de coherencia? Nuestros vecinos no son tontos y se dan cuenta de las cosas. No lo dicen pero lo saben. La prueba está que cada vez que se trata de arreglar un problema serio en Europa, no se suele contar con la participación española. Por algo será. Estamos viviendo época de elecciones. Eso crea una especie de protocolos que suelen dejarse de ver cuando estamos fuera de esta época. Eso es así, fue así y pienso que seguirá siendo así. Las elecciones se quiera o no, mandan mucho. Y por estar, ahora, en ese época ocurre cosas. Por ejemplo esa ridícula declaración de amor, como arma electoralista, del presidente hacia su esposa. No pensábamos, cuando anunció el presidente que buscaría votos hasta debajo de las piedras, que una de las piedras a utilizar fuera su esposa. Hombre no. Sin embargo, él, erre que erre, está buscando lo que prometió, pero siempre con la obsesión de la presidenta Ayuso en su mente. No la deja en paz. Es su objetivo a batir y aprovecha cualquier resquicio para tirarla una flechita, esta vez no de amor pero casi de odio. Es superior a su fuerzas. Ha pasado con Ceuta, pasó con la dana de Valencia, ha pasado con los trenes, está pasando con la Puerta del Sol y ahora se nos anuncia huelga general. ¿Donde estarán los sindicatos? Digo los sindicatos, no lo que tenemos que son organizaciones al servicio de Gobierno, que les está costando más que el oro del Perú, que diría Sabina. Todo este «revolutum», obedece, claro está a que las elecciones se nos precipitan y cada cual está tomando posiciones. El Ggobierno para no dejar de ser Gobierno y la oposición para alcanzar, «por fin» el Gobierno. Esta especie de tsunami que se vive en época electoral, no solo alcanza a la clase política, que, naturalmente sí, es que el país en general vive inquieto, con razón porque siente y ve que las cosas se las presentan por unos y otros envueltas en papel de celofán. Y esto es más serio. Esto no son bombones, ya quisiéramos. Esto son verdades que vive la sociedad y que es consiente esa sociedad que el 29-N será la clave para nuestro país, de una vez, demuestre sus valores y sus principios y haga respetar sus decisiones cuando se tomen. Tenemos un grano con Marruecos pero, hasta estos momentos, nadie de nuestro Gobierno hace nada, que tenga peso específico, para defender una opinión española sobre las ciudades españolas en Africa. ¿Qué le debemos a Marruecos, qué ¡no! sabe la sociedad española, para que la actitud de las huestes de Mohamed VI estén siempre incordiando y siempre vayamos al rebufo de sus decisiones? Ese es un tema de urgente arreglo para que los dos países vivan en armonía con sus intereses diplomáticos. La situación actual ni es cómoda, ni es lógica. Cuando se vive tan cerca físicamente no se puede estar tan lejos políticamente. Eso debe tener arreglo, ya. Es un verdadero y denigrante espectáculo, ver a esos emigrantes en una carrera alocada por las tierras de Ceuta, sin que nadie ponga orden para arreglar la situación. De verdad, el Gobierno tiene la palabra. Ojalá llegue cuanto antes. La situación dice mucho y, desde luego negativo, de la calidad de la diplomacia española que no se la ve cuando, de verdad, debe estar ahí. Contemplando nuestra situación, a vista de dron, da miedo pensar a que extremos de incompetencia hemos llegado y, desde luego, como va a arreglarse algo tan deteriorado. Lo malo, opinan muchos, está aún por llegar. Puede ser. Pero ante esta situación, no creo que la mejor solución sea una declaración de amor del presidente a su esposa. Les mando un beso a todos ustedes.

La prueba está que en cada vez que se trata de arreglar un problema serio en Europa, no se suele contar con la participación española. Por algo será