El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha presentado este lunes los nuevos trenes que se incorporan al servicio de Cercanías Madrid que, ha dicho, suponen "un gran acontecimiento" para la capital.EFE/ Borja Sanchez-trillo

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La tragedia de Urda mató cualquier asomo de remontada sanchista en las urnas, aunque la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, como diría Ruben Blades con bola de cristal ante el tiempo que falta hasta el 29 de noviembre. Hagamos memoria: la temporada otoño-invierno comenzó con la avalancha de Ceuta y no se hablaba de otra cosa. Hasta que entró en escena el desahucio de Maricarmen y entonces todo parecía colgado del problema de la vivienda. Luego, los brotes de vandalismo televisado y la presentación en sociedad del pillaje urbano como desahogo de menores reñidos con la vida. En esas estábamos cuando el choque de trenes en la provincia de Toledo.

A los españoles nos dejó en shock. Y al ministro predilecto de Sánchez le heló la sonrisa que traía puesta tras su paso por el diván gamberro de Marc Giró. Oscar Puente se vio de pronto camino del «calvario». Ahora se bifurca entre sus gracias de ministro tuitero del sanchismo y sus desgracias como responsable político de la muerte de 115 personas en menos de un año por fallos en la infraestructura y el mantenimiento de la red de alta velocidad en los trenes españoles.

Unamos a eso las 7 reprobaciones parlamentarias (siete, repito) y nos haremos una idea del momento Puente. Momento terminal, si no momento «muerte», en versión bárbara de Santiago Abascal. Así afronta este martes el todavía titular de Transportes su comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso (órgano parlamentario de guardia cuando están convocadas unas elecciones generales), donde la mayoría (35 a 34) cae ahora del bando de las derechas (nacionales de PP-Vox y nacionalistas de Junts-PNV) que seguramente coincidirán con la posición crítica de los socios de Sánchez (Sumar) respecto a la muy mejorable gestión de Oscar Puente al frente del negociado gubernamental que debe garantizar una movilidad segura de los ciudadanos.

No está acostumbrado este ministro a actuar sin red que le ampare a punto de despeñarse. O no. Los teólogos de la Moncloa son expertos en la fabricación de relatos-placebo. Se trata de evitar como sea la caída inmediata de Puente porque eso dejaría a la intemperie política a su jefe, el todavía presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

Y por eso en la Moncloa y en Ferraz juegan a creer que funcionará el torniquete que quieren aplicar al agujero por el que el PSOE se está desangrando en las encuestas (casi medio millón de votos perdidos por el efecto Urda).

Consiste en rectificar el victimismo de Puente en su desapacible rueda de Prensa del viernes, pregonar a los cuatro vientos que Sánchez se compromete a recuperar la confianza y fletar en el Consejo de ministros un paquete de ayudas as a los damnificados por la tragedia de Urda. Cuestión de fe: creer en lo que no vimos.