lunes 24/1/22

Vivir como antes

Ya nunca vamos a vivir como antes. Si acaso, pero tampoco, como antes de antes de esta pandemia que nos confronta con las grandezas y las miserias de la condición humana a cada minuto.

Mi amigo Paco Robles está triste. A sus 93 años, superviviente de la Guerra Civil y de la II Guerra Mundial, siente la soledad del confinamiento como un mazazo tan gordo o más que aquellas bombas que le asustaban de niño en Baracaldo, primero y luego en la colonia de New Barnett, una de las muchas por las que pasó, como niño del exilio, este leonés que a nació a cuatro pasos de la Catedral y tiene sus raíces en Mansilla de las Mulas.

Paco está triste porque no puede salir de casa. Ni ir a Notting Hill al centro de mayores Miguel de Cervantes. Boris Jonhson y sus compatriotas de veraneo en España se reían de nuestras medidas de aislamiento y se resistían a la autoridad en las terrazas de Benidorm. Al final, el business as usual y la irresponsabilidad cedieron a la tozuda realidad de la pandemia.

El yerno de Paco, Antonio, un canario, le deja la comida a la puerta de casa. La cocina su hija Elena, que vive cerca. Esa costumbre española de cuidar a la familia le evita ser uno de los usaurios de las bolsas  que reparten a las personas que viven solas. ¿Les suena? Es lo mismo que hace Cruz Roja en León, aunque oyendo a los señores de la oposición y a los,líderes de ciertos países europeos, pueda parecer que el Covid-19 es un bicho español fabricado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

A ver si empezamos a oír el ‘mea culpa’ de los que culpan en una semana de pasión llena de pilatos

La pandemia es global como esta economía que nos hace depender de China para respirar. Y los problemas globales requieren respuestas globales. Toda Europa está confinada. Y Europa mira para otro lado. Una vez más. Como hace con las migraciones y las crisis de refugiados. Francia y Alemania pagaron más y se llevaron el material contratado por España en el mercado ‘persa’ que es China.

Todo va a cambiar. Todo está cambiando. Y a un ritmo tan vertiginoso que nuestro cerebro asimila sin darse cuenta. Con la perplejidad de los hábitos interrumpidos por el confinamiento. Mudados para siempre a la esfera de la incertidumbre. Ensayando la soledad.

Todo está cambiando, pero lo único que nos diferenciará del antes será lo mismo de siempre: los sentimientos y la voluntad que pongamos en juego. En esta crisis hay muchas personas que han optado por sumar. Desde diferentes ámbitos, frentes e ideas. Y luego están las de siempre. Las que viven instaladas en la resta. Porque restar es querer sumar ganancias con la desgracia nacional, señor Casado. Señores y señorías de la oposición. Dejen de pintar España como una tarta que repartirse en el poscoronavirus. Dejen de ejercer el cinismo de preguntar en Madrid lo que callan en Valladolid. No saquen más pecho con nuestros muertos, que ya bastante dolor supone perderles y no poder despedirles ni acompañarles en el último adiós. Hagan algo útil. Y dejen de ondear trapos para agitar los mismos fantasmas de siempre.

Ahora se acuerdan de los mayores quienes han hecho políticas que favorecen a los ‘cuidados profesionales’ frente a los cuidados en la familia, aunque sea por profesionales. Cualquier persona que haya tenido que ingresar a su madre o su padre en una residencia de personas mayores sabe de sobra que la ayuda a la dependencia dista mucho de una opción a otra. Ahora se acuerdan de la importancia de la sanidad pública. Pero no les ha temblado la mano en recortar y privatizar un recurso con nos iguala o debería hacerlo ante la salud. Mientras el otro ejército, el del armamento, engordaba su presupuesto. Ni la UME, el invento de un leonés, el añorado ministro José Antonio Alonso, que gestiona otra leonesa, la ministra Margarita Robles, recibe esos mimos presupuestarios. Hay mucha autocrítica que hacer. En el Gobierno y en todas partes. A ver si en en la Semana de Pasión, con tanto Pilatos, oímos el mea culpa a los que tanto culpan y señalan. ¡Animo Paco! Os debemos mucho a los mayores. Pero no para que lo cobren estos fantoches.-

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