lunes 16/5/22

Carnaza

El debate sobre la interpretación política interesada de lo que la entrevista publicada en The Guardian reprodujo sobre las declaraciones de Alberto Garzón, está haciendo más daño a la ganadería española que el mensaje mismo del ministro de Consumo.

El espectáculo en el que entran los máximos responsables políticos españoles a raíz de una manipulación lanzada por vete tú a saber con qué oscuros intereses espúreos para conseguir réditos económicos y electorales atentan contra la imagen de un sector esencial en nuestro país y en Castilla y León, y es una muestra más del manejo de las voluntades y el viraje de los debates estratégicamente planificados.

Que el ministro de Consumo diga que hay macrogranjas que no son un sistema de producción animal ejemplar es una verdad de Perogrullo, con consecuencias ambientales y un negocio en el que desaparece el papel del ganadero. Lo que parece que centra el debate es que haya dicho que la carne de las macrogranjas es de peor calidad —en la respuesta no dice ‘mala calidad’— Y yo les pregunto a los ganaderos leoneses: ¿La carne de sus animales, a los que cuidan y conocen por su nombre en muchos casos, que pastan en el campo, es de la misma calidad que la que sale de una macrogranja? Y a los políticos de Castilla y León les pregunto: ¿Están de acuerdo con el modelo de ganadería intensiva y de macrogranjas? Los consumidores saben perfectamente la diferencia, con independencia de que las dos cumplan con la normativa.

De hecho, en la Estrategia Española de Economía Circular hasta el año 2030 se promueve la ganadería extensiva. La interpretación y los debates sobre lo que el ministro dijo en esa entrevista se han vuelto más virales que la entrevista misma, en la que Garzón critica prácticas de la ganadería intensiva y pone como ejemplo de buenas prácticas la ganadería extensiva de Castilla y León, Asturias, Andalucía y Extremadura. Objetivo cumplido. Cientos, miles de clicks han viralizado un enredo del que sacarán buena tajada publicitaria las empresas que se dedican a fabricar bulos. Esa es la paradoja de este mundo digital en el que el click se ha convertido en un arma de poder que hay que alimentar con carnaza. Cualquier cebo vale. Y al ministro Garzón le recordaría el pensamiento que Antonio Machado puso en boca de Juan de Mairena: «Los políticos que pretendan gobernar hacia el porvenir deben tener en cuenta la reacción. Se diría que sólo el resorte reaccionario funciona en nuestra máquina social con alguna precisión y energía... Nuestros políticos llamados de izquierda, un tanto frívolos —digámoslo de pasada—rara vez calculan, cuando disparan con fusiles de retórica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser, aunque parezca extraño, más virulento que el tiro»

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