sábado. 04.02.2023

Presiones

Qué presión es la que tiene más influencia a la hora de tomar decisiones, la hospitalaria, la económica o la política?. Después de diez meses de pandemia y tres olas como tsunamis, seguimos en el punto de partida.

La ciudadanía al borde del agotamiento físico y psicológico; los sanitarios, cansados; los sectores económicos supuestamente más perjudicados por este virus, con cacerolas y pancartas en la calle, los políticos a la gresca, y un guirigay de medidas que confunden más que aclaran.

Tampoco ayuda este batiburrillo, cada vez más confuso y poco especificado y publicitado, de los sectores, perfiles y plazos para recibir las vacunas. ¡Hay que ver con qué bajeza moral e intelectual se comportan algunas personas! Siempre, en todas las crisis, quedan en evidencia los que se ponen de perfil. Los reconoceréis porque cuando el peligro ha pasado se recomponen con intenciones aviesas para desmerecer y desprestigiar el trabajo y las decisiones tomadas con determinación por otras personas en los momentos difíciles.

¿Qué presión es la que tiene más fuerza a la hora de que se tomen las decisiones, la hospitalaria, la económica o la política?

Cualquiera que se aproveche de su cargo para colarse por delante de los demás premeditadamente para ponerse una vacuna no sólo comete corrupción sino que pierde de tal manera la dignidad, que con ese acto hace brillar aún más, si es que eso es posible, la calidad humana y moral demostrada por nuestros mayores en las residencias, los que no dudaron en poner el brazo los primeros cuando algunas personas se parapetaban y respiraban por no tener que dar el paso los primeros. Estos nuestros gobernantes y cogobernantes, profesionales de lo suyo, tienen abiertos muchos frentes, y toman también sus decisiones con estrategias políticas —en Cataluña hay elecciones el 14 de febrero—.

Centrar el debate en si se puede o no adelantar dos horas el toque de queda, como ha hecho Castilla y León, y como pidieron al Gobierno central la mayoría de las comunidades, es mantener un pulso político y judicial que nada tiene que ver con la eficacia de la medida. Mientras tanto, el virus mata. En el comité de expertos hay voces que piden un confinamiento estricto, defienden que nos encerremos, una medida muy poco popular y con muchas consecuencias económicas y políticas. La Junta se atreve a dar pasos como los de La Rioja, que cierra todo menos los servicios esenciales. Castilla y León cede a la presión de los que más protestan.

Si hay un sector económico perjudicado, sin ser el único, y que más visibilidad da a su situación, es la hostelería, a la que habría que recordar también su responsabilidad como parte de la solución, además del control estricto de las normas. Algunos lo han hecho muy bien y otros muy mal. Y, de nuevo, los sanitarios acometen la crisis con determinación sin apenas resistencia. Ignorar que nuestra vida ha cambiado sólo prolonga el problema

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