Diario de León
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Mario Lozano Alonso
León

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Hace poco, las cabezas pensantes que pergeñaron la autopista de la energía Sama-Velilla, viendo la amplia oposición que el proyecto causó en León, decidieron cambiar su estrategia. Recurriendo siempre a la idea de que la Sama-Velilla es una infraestructura básica para el estado, desde Madrid se ha pasado de la imposición al soborno. A comprar voluntades con dinero. Ahora se habla de que se compensará a los municipios por los que pase la línea. ¿De verdad se puede compensar con suficiente dinero el daño que se causará a la montaña leonesa? Por fortuna, tanto ciudadanos como políticos se han opuesto, y parece que León no se venderá por un plato de lentejas que puede abocar a la ruina más absoluta a las zonas afectadas. Más recientemente hemos podido leer en las noticias que Tomás Villanueva, vicepresidente de la Junta de Castilla y León, apoyaba la línea. Espero que quede sobre su conciencia, pero la verdad es que no me extraña nada su postura. Hablemos un poco de lo que se pretende construir. Se trazará una gigantesca cicatriz que marcará para siempre la faz de la montaña leonesa. Imagínese el lector 88 kilómetros de la montaña leonesa surcados por una zanja colosal que destrozará, en aras del progreso, el ecosistema por completo. Tendría una anchura similar a la de una autovía. Miles de árboles talados, terrenos adaptados a la infraestructura a golpe de hormigonera y excavadora, y el hábitat humano y animal ado. Un verdadero desastre. Añadamos ahora unas 200 torres colocadas cada 500 metros, cada una de las cuales tendría una altura similar a la catedral de León. El resultado es un proyecto faraónico, más propio de tecnocracias de tiempos pasados. No sólo la gran riqueza natural de las montañas central y oriental quedarán dañadas de manera irreparable, sino que esto además afectará al incipiente turismo rural de la zona, que se verá abocado a la desaparición. Por poner un ejemplo especialmente sangrante, el proyecto afectará al famoso Faedo de Ciñera, uno de los hayedos mejor conservados de la península. ¿La razón para estos desmanes? La encontramos en el presidente asturiano Areces, quien planea construir en Gijón una regasificadora para tratar el gas licuado argelino, y así poder instalar seis centrales térmicas de ciclo combinado en el Principado. Esto convertiría a Asturias en una potencia energética Dicha autonomía ya exporta mucho más de lo que consume, y obviamente necesitaría una vía para dar salida al excedente: la Sama-Velilla. Pero, ¿es realmente necesaria tanta energía? No. España produce el doble de lo que necesita aún en su punto álgido de consumo. El profesor de la Universidad de León Julio Lago ya demostró lo ineficaces e infrautilizadas que resultarán ser tales regasificadoras, por lo que nada nuevo aporto aquí. Sin embargo, los promotores REE y el Principado de Asturias recurren al tan manido argumento de que se colapsará la red eléctrica de todo el estado si no se lleva a cabo la línea. Vamos, que los leoneses tendremos el medievo a la vuelta de la esquina por nuestra actitud obstinada. No es la primera vez que nos hacen algo así. También el pantano de Riaño se planteó como una necesidad imperiosa, arrasando uno de los valles montañeses más hermosos, y hoy está infrautilizado. Nueve pueblos anegados, dos de ellos parcialmente, son los mudos testigos de un proyecto que tampoco quisieron los leoneses. ¿Vamos a tolerar otra nueva aberración en nuestra montaña? No. León no se vende: 27.000 alegaciones claman por parar esta locura. La lucha no ha hecho más que comenzar. Mario Lozano Alonso Licenciado en Historia

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