Señores: Paridad, por favor.
Todos hemos leído en este periódico la noticia de portada del día 14 de enero del 2010 sobre el juicio celebrado contra dos ginecólogos del Centro Hospitalario de León y su posterior sentencia absolutoria de absolución sin cargos publicada el 21 del mismo mes. Está bien el hecho de que se informe a la sociedad de lo que sucede en nuestra ciudad, pero ¿saben lo que significa realmente? En primer lugar, no sólo relata unos hechos ocurridos en estas fechas sino que de manera soslayada se está tomando partido hacia una de las partes implicadas en el conflicto. La exposición es claramente alarmista. Perfecta para alimentar las mentes ávidas de escándalos y provocar de una manera indirecta la ira de todos aquellos que han sufrido de una u otra forma un ingreso hospitalario. Que todos somos susceptibles de cometer errores es evidente, somos humanos, pero en este caso y consciente de la exigua información que tengo del mismo, se debe ser más cauteloso al relatar los hechos. No hay solamente una parte doliente, la del niño afectado, sino que también los doctores han sufrido el acoso, la humillación y el descrédito que supone poner en tela de juicio su profesionalidad y sus principios humanos al ser tratados como delincuentes. ¿Es que acaso ellos no tienen derecho a que sean respetados su honor, su dignidad y su propia imagen? Ustedes dirán: "Sí, pero ellos no sufrieron ningún daño". Estoy segura de que actuaron correctamente. Ningún doctor que se precie de ello se olvida de sus pacientes y los trata como objetos inservibles. Como mujer y madre, sé lo que es parir y los riesgos que ello conlleva. Si se dice la verdad, digámosla entera. Dejemos que los galenos trabajen con tranquilidad alejados de la losa de la denuncia y todos saldremos beneficiados. En segundo lugar, es necesario reseñar que el mismo día en que se celebra la vista oral sea publicada en grandes titulares. ¿Es que ya estaba pactado de antemano?, pues si es así, hubiese sido más fácil que las partes implicadas en el litigio hubiesen leído el periódico por la mañana y se habrían ahorrado presentarse en los juzgados y, señores, se hubiese ganado mucho tiempo y dinero sin embargo, y para suerte de todos, la justicia actúa ajena a las inquinas mundanas. Con esto no estoy enjuiciando la labor ecuánime y encomiable de los jueces, abogados, y demás letrados, ni la de los médicos y ni, tampoco, la labor de los periodistas que gracias a ellos tenemos acceso a la información de la actualidad. No, sólo quiero poner de manifiesto que debemos ser prudentes a la hora de informar y mantener la paridad como principios que deben estar presentes en todas las manifestaciones humanas y así evitaremos los mal llamados "efectos colaterales" de los que todos somos partícipes en alguna medida.