Diario de León
Publicado por
MARIA LOURDES CASTAÑON GUTIERREZ
León

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Villamanín se queda triste, casi sin aliento, ante el solar que albergó el cuartel de La Guardia Civil. El otrora edificio de la casa-cuartel, que fuera parte integrante del magnífico conjunto realizado en este pueblo por Regiones Devastadas, que tanta notoriedad le ha dado, quedó convertido en una ruina en unas pocas horas. En nuestros días, en que las construcciones antiguas se rehabilitan y se conservan por el valor de sus elementos y su artesanía, el alcalde-presidente, sin informar a sus vecinos y haciendo oídos sordos al clamor de las peticiones de todo tipo, que se le habían formulado para repararlo y conservarlo, ha seguido adelante con el derribo, privando a las generaciones venideras de un patrimonio único, en absoluto comparable al parque que pretende hacer allí. En este lugar, donde el clima es tan severo, -este invierno es una muestra de ello- y en el que las inclemencias se extienden durante bastantes meses, lo que este pueblo necesita son espacios cubiertos, habilitados para desarrollar alguna de las muchas necesidades sociales de las que carece. Ahora, gracias al señor alcalde, tenemos un nuevo "recinto", y frente a él lo hemos podido ver retratado, como si de una inauguración se tratara: su foto en medio de los escombros del cuartel derruido. Ante la enorme movilización vecinal, las autoridades competentes de los organismos que habían autorizado la financiación del parque, ofrecieron la opción de modificar el proyecto inicial, para dar cabida a otros servicios sociales, permitiendo la conservación del edificio, pero el alcalde se cerró en banda ante cualquier nativa. Rechazó las subvenciones para conservar el edificio e ir remodelándolo posteriormente en varias fases. Finalmente, no podemos olvidar el despliegue desorbitado de efectivos de la Guardia Civil, ante un grupo de vecinos que se mostraron pacíficos en todas las manifestaciones, y que, apelando al sentido común, solo encontraron enfrente a un alcalde obcecado en una huida hacia delante, incapaz de aceptar un diálogo razonable, tal vez temeroso de no poder dar una sola justificación de su actitud. Ante la impotencia por el derribo, los vecinos presentes nos sentimos acompañados y protegidos por los propios guardias civiles, que comprendieron lo desproporcionado de su presencia allí. ¿Cuánto le costó esto al Ayuntamiento? Obviamente me refiero al coste económico, porque el otro coste no tiene precio. Mª Lourdes Castañón

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