Soy culpable.
No lo niego. Soy culpable y además resentido, por lo que las letras que siguen a continuación están "parcialmente" sesgadas. Pero ojo, solo parcialmente sesgadas. Corresponde al lector identificar los trozos de verdad en ella descritos. El día Sábado 03 de Abril a la 1:15am después de salir de una suculenta cena con amigos en una de las cuevas de Valdevimbre-León, me detuvieron los "agentes de la ley" para realizar un control de alcoholemia, del cual salí ileso por dos razones, la legal no se conduce después de haber ingerido bebidas espirituosas y la médica el citocromo p450 de mi hígado está ocupado metabolizando el antibiótico que me recetó mi bella dermatóloga, y no quiero fastidiar mi tratamiento. Cuando me creía librado de la situación, todo el peso del reglamento de tráfico cayó sobre mi en la voz del joven agente: "lleva las luces antiniebla encendidas, y eso no esta permitido en estás condiciones". Podría defender el hecho de llevar las luces encendidas en aquel instante, pero no lo haré para no rayar de llorica. Lo único que creo es que el "guardián de la ley" fue muy estricto en la aplicación de la misma. Ya con la frustración de saber que me iba a estrenar con mi primera multa, y después de consignar los documentos necesarios para su elaboración, comenzó una espera de más de 20 minutos para recibir la notificación, tiempo que me pareció excesivo para la impresión de un papelito de 28x10cms., y que especulo que perdieron transcribiendo los datos de la infracción en el ordenador y hablando entre ellos: -Paconombre ficticio de poli ¿sabes cuál es el artículo referente al uso de las luces?, –Por supuesto, el 106 Pepeotro nombre ficticio, -¿Y el apartado?, -¡Elemental mi querido Pepe, el 2!, -Vale, ¿y el nombre, dirección, y modelo del coche del fulano?... Y un corto etc. que no se como se alargó tanto. Mientras esperaba pacientemente – y aquí viene el chivatazo y la descarga del resentimiento acumulado – observé como al menos 2 de los funcionarios de la unidad 2401 hacían delicadas señas con una mano para detener a más coches, y con la otra se fumaban un pitillito de tabaco. También me percaté que uno de ellos una vez dada la última calada, tiraba sin problema ni remordimiento de conciencia alguno la colilla a la calzada. En ese momento, mi escaso conocimiento de las normas me indicó que se estaba produciendo una transgresión de la ley, ante mis atónitos ojos, y con el agravante de que, el que perpetraba el delito era un "vigilante de la Ley", esa ley que tan celosamente me estaban aplicando a mi. Ahora bien, analicemos brevemente la situación desde mi ignorancia de las reglas y sin ánimos de introducir jerga de derecho hallada a última hora en la Wikipedia. Fumar en espacios abiertos no esta penado, eso está claro, pero sostener el cigarrillo con una mano mientras con la otra haces señales de tráfico en principio hasta feo se ve. Gandhi decía que el que hace dos cosas a la vez no hace ninguna de las dos bien. Y por otro lado se me antoja que arrojar una colilla a un espacio público no es lo más correcto hombre, también queda mal. A ese señor su madre no lo educó bien en las normas de urbanidad, y/o se saltó en la escuela la clase civismo, por enfermedad, o por irse con los colegas a fumarse un pitillo a la esquina. En ese momento me vino a la cabeza la imagen del Doctor barrigón y con "cara de carbohidrato" que le comenta a su paciente que tiene bajar los triglicéridos a punta de dieta de fibra, la misma fibra que le alegra la vida y el ritmo intestinal a la funcionaria del anuncio de la tele. Que contradicción, y que ironía. En este punto algún osado lector se preguntará ¿Por qué no saliste del coche y encaraste al infractor en la consumación de la falta?. La respuesta es muy fácil, desde que mi mamá me enseño a contar soy un cobarde. La patrulla era de más de 4 individuos, y con chapa, y estaba seguro que si interpelaba a cualquiera de ellos me iban a pedir como castigo a mi posible arrojo e imprudencia hasta la constancia de haber aprobado la asignatura de plastilina en el kindergarden, que por casualidad no llevaba en mi cartera ese día. Así que me quedé aguardando, cantando con Chavela Vargas en mi reproductor de CD para pasar el nerviosismo y el mal rato. Finalmente, y luego de reclamar la tardanza con educación, como mi santa madre me enseñó, llegó otro de los agentes con cara de más experimentado a darme la multa, a explicarme que el desliz de las lucecitas me saldría en 70 euros, pero que si lo pagaba antes me harían un descuento estrella del 30, y pensé, o sea que ¿si abono el importe antes soy un 30 menos malo, y mi delito un 30 menos delito?. Eso quiere decir que si en un supuesto Jaume Matas es declarado culpable, y a corto plazo entona el "mea culpa" y reintegra parte del dinero malversado, ¿sería un 30 menos corrupto?. No pude llegar a entender este planteamiento, y en este proceso mental se me fundieron un par de neuronas para llegar a la ambigua conclusión de que hay un mero y oscuro interés económico en la sanción, y no una intención correctora y educadora. ¿¡O no!?. Recapitulando, y para terminar este ejercicio de catarsis, distinguidos agentes, uds., los que dan buen ejemplo que serán muchos sigan así, se les agradece su dedicación. Y los que se parecen más a la mofa televisiva de "Los Hombres de Paco" que espero que sean pocos, ese no es el camino señores. El respeto se gana dando ejemplo en cada paso. A los eruditos del gobierno que se encargan de la redacción de las leyes, ¿no sería mejor aplicar un descuento del 50 por pronto pago?. Así por lo menos salvaríamos la mitad de la conciencia. Yo por lo pronto, la semana que viene iré religiosamente a correos a pagar la multa, porque se que aunque un 70 de mi alma esta condenada a las pailas del infierno, hay un 30 que aún se puede redimir.