EL RECHAZO A LA IMPOSICIÓN DE MANÍAS
Señor Director: El conflicto del velo viene provocado por una minoría fanática, y no por culpa de las niñas, sino de los padres. Por el bien común de todos, en el espacio público deben imperar los principios laicistas y republicanos. Nadie debe tener preeminencia sobre los demás en razón de su ideología religión o creencias. El propósito de la escuela es educativo y no el hacer ostentación de particularismos. Esto no lo entienden ciertas personas y no sólo los musulmanes. Gracias a Dios son minoría, de lo contrario padeceríamos una provocación continua a la bronca. No todos han tenido la suerte de recibir una educación religiosa ilustrada, ni han leído a Marvin Harris. Si presumimos de demócratas deberíamos fomentar el diálogo como el teólogo Hans Küng, y no andar a la greña con los moros como Joseph Ratzinger en Ratisbona. Ahora bien, parece insensato y contradictorio transigir con la intransigencia y la impertinencia religiosa. Tampoco podemos doblegarnos ante los fanáticos petulantes que quieren imponernos sus manías particulares, como algo excelente, cuando atentan objetivamente contra la libertad, la igualdad y la fraternidad. En ese caso, podemos vernos en la necesidad, no querida, de defendernos con las armas del derecho, o las otras. Para no llegar a esto último, hay que frenar la ostentación y la imposición de manías religiosas en el espacio público de todos, en este caso mahometanas. Vale más prevenir que curar y eso no se logra contemporizando con la opresión de la mujer o el retraso cultural que representan ciertos arreos como el pañuelo moruno o la toca monjil. Por cierto, quienes llevan esta última suelen haber cumplido los 18 años y no acuden como alumnas a los institutos.