LA LAVADORA ENAMORADA
La lavadora enamorada. Vivo en Sevilla, en un piso pequeño y tengo que hacer pronto una reforma, pues llevo ya muchos años, desde que me casé, sin hacerlo y lo está pidiendo a gritos. Naturalmente en esta reforma está la renovación de todos los aparatos que hay en la cocina, aunque con algunos me va a dar lástima. El otro día me pasó una anécdota con la lavadora. Estaba lavando tan bien y de pronto escucho unos golpes tremendos que procedían de allí. Salí corriendo y mi sorpresa fue tremenda, pues pude ver a la lavadora pegando auténticos saltos en dirección al frigorífico. Sin pensarlo, me puse delante y pude frenar su desenfrenado recorrido. Cuando al final logré pararla, la devolví a su lugar con un montón de esfuerzo, pues pesaba tela, donde siempre ha estado y nunca ha osado moverse de su lugar en unos cuantos años. Pero después me he preguntado, si no hice mal parando la marcha alocada y desesperada de la lavadora con destino hacia el frigorífico. Ese que está frío por dentro pero que por fuera da un calor que no veas y que atrajo hacia si a esta novia que, harta ya de sentirlo cerca, decidió pasar a la acción y dirigirse hacia él. En la cocina, todos los aparatos dan generalmente calor: el microondas, el horno, el termo, la placa. Pero mi lavadora, el calor que sentía más próximo y al que se dirigió a toda marcha fue el de su novio, el frigo. Tantos años viéndose el uno frente al otro, notando ella su calorcito y sin poder acercarse un poquito más y estar más juntos. Por eso, en un ataque de locura, salió dando saltos hacia su amorcito desesperadamente, con una velocidad impropia de un electrodoméstico, como una novia sale corriendo a recibir a su amado al que hace muchísimo tiempo que no ve. Es por eso que me ha quedado un auténtico remordimiento si con parar el camino alocado de mi lavadora hacia el frigorífico he roto alguna relación sentimental electrodoméstica. La próxima vez que se produzca este evento, prometo no pararla hasta que consiga su fin. Así decía yo que esta lavadora saca la ropa como ninguna y es que pone todo su amor, cariño y esmero con todo lo que tiene a su alrededor, es una joya mi lavadora. Muchos de ustedes podrán pensar que estoy como una cabra, por ocurrírseme cosas como estas, pero me gusta tomarme la vida siempre por el lado bueno y para tres días cochinos que vamos a estar por aquí, no vale la pena andar siempre enfadado. Me acuerdo de un refrán francés que dice: "La vida es una cebolla, la mayoría del tiempo se pela llorando", pues eso, que bastantes llantos tenemos ya como para estar tristes todo el tiempo. Joaquín Tomás Fortunati Cendrero