PUENTES Y ACUEDUCTOS
Puentes y acueductos. Alguien dijo y acertó de pleno que España es diferente, este slogan que se cogió al final de los años sesenta para promocionar el turismo, ya que era la principal fuente de riqueza y había que mimarla, tuvo más razón que un santo. En este gran puente, que más que un puente es un acueducto, en que una de las Españas está disfrutándolo y la otra pasándolo tristemente en paro, se ha celebrado la fiesta de la Constitución Española. No sé a quién se le ha ocurrido colocar este día tan cercano al de la Inmaculada, pero desde luego habría que darle una medalla. Un país que está a la cola de Europa, con una tasa de parados impresionante y que se permite estar sin trabajar cinco días seguidos. Creo que habría que situar esta fiesta en otro lugar del calendario, que no estuviera tan próxima a las vacaciones de Navidad y sobre todo más alejada de la Inmaculada, que por cierto se celebra en casi todo el territorio. A los señores políticos está visto que esto les da igual, casi todos hacen el paripé de la celebración en la cámara y los que no están de acuerdo con ella siguen viviendo de espanto a su costa. También sirve para que el espabilado de turno, que encima se la da de buen profesional, con toda la legalidad del mundo, se programe unas buenas vacaciones anticipadas a base de sacarle el máximo partido a estos días uniéndolos con otros y hacer verdadera ingeniería absentista en el trabajo. Para colmo en este acueducto, se les ha ocurrido a los señores controladores liarla bien y ahí me tienen ustedes a un mogollón de personas tiradas en los aeropuertos pasando un interesante fin de semana en nada parecido a lo que habían planeado. Es decir, con este pedazo de puente se han conseguido varias cosas y todas ellas beneficiosas para el país. La primera, pegarle otro palo al turismo y fastidiar a las personas de fuera que nos querían visitar estos días y de paso, cargarse a los hoteles y a las agencias de viaje con la cantidad de cancelaciones que se han producido, atentado mortal a la principal fuente de riqueza de este sufrido pueblo. Segunda, hacer la puñeta a muchísimas personas que estaban esperando estos días para pasarlo con sus familiares y lo único que han conseguido es coger un buen cabreo. La tercera y principal, paralizar el país durante varios días, que por cierto como estamos en tiempos de abundancia, es lo que nos faltaba. Lo peor que le puede pasar a un país es no sentirse gobernado y esto es lo que le pasa al nuestro. Si han seguido las noticias estos días, habrán visto que en el problema que se ha producido con los controladores, el presidente ha hecho mutis por el foro y ha dejado la voz cantante al que se presume que será su sucesor, y que Dios nos coja confesados, porque si malo es este, que va por la vida sin enterarse de la misa la media, no vean como nos gobierne el señor Rubalcaba, entonces sí que nos enteraremos de lo que es un buen presidente. Aquí hay una sensación de desgobierno que asusta a todos y por eso los controladores y cualquier estamento hace lo que le da la gana sabiendo que no pasará absolutamente nada. Desde luego que este país es diferente. Tan diferente que puede funcionar incluso sin presidente. Joaquín Tomás Fortunati Cendrero