Diario de León
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León

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Una vez más nos enteramos de que, a pesar de las marrullerías de la Comisión Ejecutiva Federal auxiliada lealmente por la Comisión Gestora de León, el sector oficialista, estos que han llevado al Partido Socialista Obrero Español y a la clase trabajadora a la ruina, a pesar del juego sucio, han conseguido menos apoyos que los críticos, 108 a 192 respectivamente. Esta imagen, la imagen de dos grupos, disputándose los despojos del centenario PSOE, a degüello, sin más objetivo que “colocarse” para conquistar, a cualquier precio una silla orgánica, un puesto en la red clientelar de la Comisión Ejecutiva Federal de turno, el poder de turno. Red clientelar, que como es sabido se mantiene repartiendo prebendas, los clientes se agrupan alrededor de las migajas a la espera de un puesto en la mesa, en el festín. Este juego perverso de “quítate tu que me pongo yo” , genera inevitablemente sucesivas redes clientelares degenerando cada vez más el ideario socialista que queda recluido, encapsulado en el papel que lo contiene sin que sus valores se trasmitan a la sociedad que solamente percibe la gresca, la pelea, las puñaladas por el poder. Las redes clientelares responden únicamente a los estímulos provocados por las prebendas que las mantienen y son, sin duda, el germen de la corrupción. El que espera la prebenda sabe que no la obtendrá si no acata ciegamente las imposiciones de los que tienen el poder de otorgar el premio, estos a su vez, procuran adiestrar convenientemente a la red clientelar. El círculo está cerrado y no hay manera de romperlo. Ni el rechazo rotundo de las urnas es capaz se romper el círculo, los amos del poder orgánico desprecian el mensaje y dejan a la clase trabajadora desarmada frente al poder económico, que quitándose la máscara, de nuevo nos enseña los dientes llevándonos de un plumazo, al siglo XVIII, a las dos Españas. El grito, el clamor social es más claro que nunca. No hacen falta nuevas ideas, el ideario socialista está vigente. Hace falta protegerlo modificando los estatutos, limitando el tiempo de permanencia en los cargos, para evitar la formación de las odiosas redes clientelares. Se tiene que acabar con esto que tanto gusta de “Santa Rita Rita… “ cuando apalancamos un cargo orgánico o institucional.

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