Diario de León
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León

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El pasado martes 31 de Julio, a las 15:45, mi madre ingresó de urgencia en el Hospital Universitario de León aquejada de un fuerte dolor en el pecho. Allí fue recibida por el personal de admisión de pacientes. El problema –como si llegar pensando que te está dando un infarto no fuera ya suficiente problema- es que el miembro del personal sanitario que le tomó los datos traspasó con creces los límites de su específico quehacer profesional y se tomó la licencia de hacer comentarios de índole personal sobre la situación de mi madre. Y no, no fueron comentarios de sosiego o aliento; muy al contrario, este señor comenzó a hacer una serie de afirmaciones que disgustaron y alteraron aún más a mi madre, vamos, justo el tipo de empatía que uno necesita cuando acude a un hospital. Este hombre se dirigió a mis padres en un tono chulesco, provocador y poco respetuoso, acusándoles de acudir a urgencias sólo porque les hacen la radiografía gratis y en el momento. Mis padres y yo todavía nos estamos preguntando si es que la radiografía no te la hacen “gratis” cuando te deriva le médico de cabecera; no sé, nos habremos perdido algo… Pero el quid de la cuestión es que, como he dicho al principio, este señor se permitió el lujo de valorar la situación personal de mi madre, una completa desconocida para él. Sólo los que la conocemos bien sabemos de sobra que si algún día mi madre pisa una sala de urgencias, algo va mal. Y no voy a explicar el por qué, eso es algo que queda en el círculo familiar y nadie que quede fuera de ese círculo debería atreverse a valorarlo por la sencilla razón de que lo desconoce. Es muy peligroso juzgar cómo es y cómo actúa una persona a la que conoces de un minuto; se corre el riesgo de equivocarse. Y así sucedió, el sanitario en cuestión abrió la boca a destiempo y metió la pata hasta el fondo. No fueron allí por “echarle morro” y quitarse listas de espera, como pretendía sugerir este señor. Fueron porque necesitaban un servicio de salud que bien se han ganado trabajando y cotizando. Es más, mi padre cotizó durante 42 años, regalando así los impuestos de su jubilación durante siete años. Así que, entre caraduras anda el juego sí, pero no son precisamente mis padres… La cosa no acabó aquí, y no conforme con la insinuación anterior, este hombre también espetó un “así nos va”. En los últimos tiempos he oído mucho esa expresión a propósito de la crisis, yo misma la digo mucho. Pero el “así nos va” que el sanitario tuvo el atrevimiento de dedicarle a mis padres, me sobra. Sobra que se formen bandos y se fomente la típica confrontación bipolar del pueblo español porque nos olvidamos de que no ha sido el bombero, el minero, el maestro o el camarero los que han puesto a España en tan miserable situación. No ha sido la clase trabajadora, no. Ha sido la clase capitalista, el sector social que acapara el capital en España. Unos cuantos indeseables de este sector, aprovechando la coyuntura, evadieron, robaron y estafaron miles de millones de euros a la clase trabajadora que ahora se tiene que conformar con un minúsculo sueldo y unas reformas laborales y sociales de lo más grotesco, salvaje e inhumano. Yo le recordaría al señor sanitario que él, como mis padres, entra en el saco de la clase trabajadora, le guste o no. Así que debería dedicar sus esfuerzos a hacer una piña con sus iguales y gestionar más inteligentemente sus “así nos va” para que los reciban aquellos que realmente han hecho que nos vaya como nos va (y, reconozcámoslo, no creo que acudan a la sanidad pública cuando tienen un dolor en el pecho). Las personas serias, humildes y trabajadoras como mis padres no son los causantes del desastre ibérico. Yo comprendo que el señor sanitario esté sufriendo la crisis y sus recortes, pero los demás también. A mi padre, por ejemplo, le han congelado la pensión y varios miembros de mi familia sufren diversas situaciones precarias. Pero una situación personal desafortunada no justifica la pérdida de profesionalidad en el lugar de trabajo. Y esto es precisamente de lo que mis padres fueron testigo: el trato que recibieron no fue el de un verdadero profesional. Así que yo le sugeriría a este sanitario que, en sucesivas ocasiones, se esfuerce un poco más e intente dirigir sus diatribas a quien de verdad las merece y no a la pobre gente que no ha provocado ni sus miserias, ni las de España. Y si se siente agobiado en exceso y ve que no puede reprimir su cabreo, que emigre, por ejemplo, como hicimos los demás.

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